LA MUERTE NO ES EL FINAL
LA MUERTE NO ES EL FINAL
1 Tesalonisenses 4:13 Y ahora, amados hermanos, queremos que sepan lo que sucederá con los creyentes que han muerto, para que no se entristezcan como los que no tienen esperanza. 14 Pues, ya que creemos que Jesús murió y resucitó, también creemos que cuando Jesús vuelva, Dios traerá junto con él a los creyentes que hayan muerto. 15 Les decimos lo siguiente de parte del Señor: nosotros, los que todavía estemos vivos cuando el Señor regrese, no nos encontraremos con él antes de los que ya hayan muerto. 16 Pues el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los cristianos que hayan muerto se levantarán de sus tumbas. NTV.
La muerte no es el final para los hombres, pues hay algo más allá de ella. Todo depende si el hombre muere con Cristo o sin Cristo. Todos los hombres que mueren aceptando a Jesucristo como su Señor y Salvador, tienen una esperanza de vida, pero en esta tierra, sino en el reino de los cielos. Las personas que mueren con Cristo en sus corazones, en realidad duermen y esperan ser despertados o resucitados cuando el Unigénito Hijo de Dios los llame desde las nubes. Los que mueren sin haber aceptado el Señorío de Jesucristo, también serán resucitados, pero no en el mismo tiempo que los hijos de Dios, sino en otro tiempo, para ser juzgados y sentenciados a una eternidad de sufrimiento en el lago de fuego.
Antes de la revelación total acerca del misterio de la resurrección, los hijos de Dios del Antiguo Testamento, tenían un conocimiento imperfecto e incompleto de lo que le sucedía a una persona cuando moría. Creían que todos llegarían a morir, que aparentemente habría una gran resurrección al fin del mundo, y luego un juicio. Este conocimiento imperfecto e incompleto, fue finalmente revelado en su totalidad con la venida del Unigénito Hijo de Dios a este mundo. Jesucristo reveló todo el misterio de lo que sucedería con los hijos de Dios tras la muerte. Reveló que habrá más de una resurrección. En el Arrebatamiento, sólo los creyentes serán levantados de entre los muertos; los incrédulos o inconversos; serán levantados al final del reinado de mil años de Cristo para ser juzgados y sentenciados a una eternidad de sufrimiento en el lago de fuego.
Esta revelación hecha por Jesucristo, fue enseñada por el apóstol Pablo cuando por primera vez estuvo en Tesalónica. El apóstol enseñó a los creyentes de esa localidad acerca de la venida de Cristo a reinar, y los acontecimientos que seguirían a Su venida, pero estas enseñanzas no habían quedado tan claras. Por eso, algún tiempo después de la partida del apóstol de Tesalónica, habían surgido problemas y dudas entre los creyentes acerca de sus hermanos en Cristo que habían muerto antes de que el Señor regresara. Ellos pensaban: ¿Quedarían sus cuerpos en los sepulcros hasta el último día? ¿Quedarían excluidos de participación en la venida de Cristo y de Su glorioso reinado? Para responder a sus inquietudes, y aplacar sus temores, Pablo les describe detalladamente el orden de los acontecimientos en el tiempo de la venida de Cristo para llevar a los suyos. El apóstol les dio a conocer a los creyentes de Tesalónica, que los primeros que se encontrarían con el Señor en su venida, serían justamente sus hermanos en la fe que habían fallecido, y solo después, los creyentes que aun estén con vida, serán arrebatados para encontrarse con el Señor en las nubes.
Queridos hermanos. Todos los redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo, incluyendo aquellos que estén vivos cuando Cristo regrese, vivirán con Él para siempre en Su reino venidero. Por lo tanto, no debemos desesperar cuando un familiar o un ser querido que ha aceptado a Cristo en su corazón muere, o cuando los acontecimientos mundiales siguen un rumbo trágico. Dios convertirá nuestras tragedias en triunfos, nuestra pobreza en riqueza, nuestro dolor en gloria y nuestra derrota en victoria. Todos los creyentes a través de la historia se volverán a unir en la misma presencia de Dios, salvos y seguros. Como Pablo consoló a los tesalonicenses con la promesa de la resurrección, nosotros también debiéramos consolarnos y tranquilizarnos unos a otros con esta gran esperanza. Amigo. Para tener parte en la resurrección de los redimidos, usted tiene que aceptar a Jesucristo como su Señor y Salvador, caso contrario, usted será resucitado junto a los inconversos para ser juzgado y sentenciado a una eternidad de sufrimiento. Aproveche su tiempo de vida, acepte hoy mismo a Jesucristo en su corazón, pues mañana puede ser demasiado tarde.












































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