JERUSALÉN, LA CIUDAD DE DIOS

SALMOS 87:1 En el monte santo está la ciudad fundada por el SEÑOR. 2 Él ama la ciudad de Jerusalén más que cualquier otra de Israel. 3 Oh ciudad de Dios, ¡qué cosas gloriosas se dicen de ti!.5 Con respecto a Jerusalén se dirá: Allí todos disfrutan de los derechos de ciudadanía». Y el Altísimo en persona bendecirá a esa ciudad. 7 La gente tocará flautas y cantará: ¡La fuente de mi vida brota de Jerusalén! NTV.

Jerusalén es una ciudad de Oriente Próximo, situada en los montes de Judea, entre el mar Mediterráneo y la ribera norte del mar Muerto. Durante mucho tiempo los arqueólogos y los historiadores se han preguntado por qué Jerusalén está establecida en el lugar que está, y por qué ha podido llegar a ser grande, si no disfruta de ninguno de los rasgos físicos que favorecen el avance y la prosperidad de otras ciudades importantes del mundo. Aunque la ciencia no pueda dar una respuesta lógica a sus cuestionamientos seculares, existe una respuesta tan lógica para la prosperidad de Jerusalén a pesar de que no esté localizada en un lugar estratégico. La razón de su grandeza, por supuesto, es que fue escogida por el eterno Creador para que fuese el centro de su gobierno teocrático sobre todas las naciones del mundo.

El salmista alaba a la ciudad de Jerusalén y declara que el Señor ama la ciudad de Jerusalén más que cualquier otra de Israel, porque Él mismo fue quien fundó esta ciudad en su monte santo Sión. Dios escogió a Jerusalén de entre todas las ciudades del reino israelí para que sea la ciudad de su morada terrenal, de la misma forma que escogió a Abraham de entre todos los hombres, para que sea la simiente de su pueblo. Aunque Dios desde luego amaba otras ciudades en Israel, no escogió ninguna otra como el centro religioso de la nación, el centro de Su adoración. Jerusalén se convirtió en la ciudad más importante de todo el reino hebreo a donde tenían que acudir para rendir culto y adoración a Dios.

Aunque el salmista no menciona el templo, este cántico obviamente está basado en el hecho de que el templo del Señor fue construido sobre el monte Sión en Jerusalén. La presencia del templo hizo que Jerusalén fuera una ciudad única sobre la tierra. Sin embargo, como los otros salmos que glorifican a Jerusalén, este salmo mira más allá, señala el día cuando el eterno Creador será aceptado como rey por todos los pueblos. En aquel tiempo Jerusalén será la capital del Reino Mesiánico, la ciudad del Rey que por tanto tiempo han esperado.

En aquel día, será confirmado el monte de la casa del Señor como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Los pueblos que antes fueron enemigos de Israel dirán: Venid, y subamos al monte de Señor, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Allí todos disfrutaremos de los derechos de ciudadanía. Y el Altísimo en persona bendecirá la santa ciudad de Jacob. En este tiempo, será un tiempo festivo. Cantores y tañedores se juntarán y cantarán: ¡La fuente de mi vida brota de Jerusalén! Jerusalén ya no será más el lugar de lágrimas y problemas, sino una fuente de bendición, lugar que refresca, y hogar espiritual a todas las naciones de la tierra.

Queridos hermanos, en el pasado el eterno Creador estableció su morada terrenal en la ciudad de Jerusalén, anticipando su futuro gobierno teocrático sobre todas las naciones del mundo. En aquel día todas las naciones que sobrevivan a la gran tribulación, reconocerán el gobierno de Cristo Jesús, y acudieran al monte de Sión para rendirle culto y adoración. Hermanos, mientras la profecía de este cántico no se cumpla, nosotros como pueblos redimidos de Dios, tenemos el deber de expandir el evangelio de Cristo por todas las naciones del mundo, para que el mundo conozca Su amor y misericordia, lo reconozca como su Señor y Salvador.

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