ESTAMOS EN UN LUGAR DE PRIVILEGIO

Cuántas veces le ha pasado que para ser atendido o para entrar a un establecimiento público o privado, ha debido esperar un tiempo considerable realizando largas colas interminables; ¿Seguramente que muchas veces verdad? En esos tiempos de espera, cuántos no quisiéramos contar con el privilegio para poder entrar a todo lugar y ser atendidos a la hora que deseemos, sin ninguna clase de restricción. ¿Contar con esta clase de privilegio sería un sueño cumplido verdad?. Aunque en este mundo, tal vez nunca lleguemos a contar con una clase de privilegios que nos permitan entrar a todo lugar sin restricciones, nosotros tenemos un privilegio mucho mayor gracias a Cristo Jesús, esto lo afirma el apóstol Pablo en una de sus epístolas: “Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios.” Romanos 5:2 NTV.

La entrada al paraíso celestial y la comunión con Dios, fueron los privilegios que Dios estableció cuando creó a los primeros seres humanos en este mundo, pero este privilegio se interrumpió cuando ingresó el pecado al corazón del hombre, el pecado empezó a gobernarlo y terminó definitivamente por separarlo de la comunión con Dios, haciendo de la entrada al paraíso celestial, un privilegio del cual ya no tendrían derecho. Cristo Jesús a través de su muerte y resurrección, hizo posible que el hombre nuevamente pueda acceder al privilegio de llegar a la morada celestial y disfrutar de la comunión con Dios Padre. Entrar a morar en la presencia de Dios, es un privilegio que está disponible para toda la humanidad, pero no toda la humanidad está dispuesta a aceptar este precioso regalo que hizo Cristo Jesús, pues no quieren abandonar sus vidas de pecado, prefieren permanecer en ella antes que morar en el reino celestial.

El apóstol Pablo establece que, las personas que aceptaron el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario y mantienen su fe en Él, ahora se encuentran en lugar muy privilegiado inmerecido. En este lugar, no solo Dios los declara sin culpa, sino que los lleva cerca de Él. En lugar de enemigos, ahora son amigos; y más aún, son sus hijos. Si nosotros hemos aceptado el regalo de Cristo y mantenemos nuestra fe, Él nos introduce a la presencia de Dios mismo; nos abre la puerta de acceso a la presencia de Dios Padre y cuando se abre esa puerta, lo que encontramos es la Gracia; no condenación, ni juicio, ni venganza; sino la primigenia, inmerecida el increíble amor de Dios. Como si esto no fuese suficiente, gracias al regalo de Cristo Jesús, ahora permanecemos y esperamos con confianza y alegría de manifestar en el futuro la gloria de Dios en nuestras vidas. Ya no busquemos privilegios en este mundo que no sirven para la eternidad, más bien mantengámonos firmes en Cristo Jesús, mantengámonos firmes en nuestra fe en el Hijo de Dios, honrando y glorificando Su Santo Nombre.

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