LA ADVERTENCIA DE DIOS.

SALMOS 81:8 Escúchame, pueblo mío, en tanto te doy severas advertencias. ¡Oh Israel, si tan sólo me escucharas! 9 Jamás debes tener un dios extranjero; nunca debes inclinarte frente a un dios falso. 10 Pues fui yo, el SEÑOR tu Dios, quien te rescató de la tierra de Egipto. Abre bien tu boca, y la llenaré de cosas buenas. 11 Pero no, mi pueblo no quiso escuchar; Israel no quiso que estuviera cerca. 12 Así que dejé que siguiera sus tercos deseos, y que viviera según sus propias ideas. NTV.

Seguir los malos caminos es el deseo del corazón humano. Nadie voluntariamente está dispuesto a escuchar las advertencias que el eterno Creador da a la humanidad en su Palabra. Dios no da estas advertencias por que sea autoritario o déspota, ni tampoco porque no quiera que la humanidad viva feliz. Dios da estas advertencias porque quiere lo mejor para sus criaturas, Él sabe lo que es mejor para cada ser humano. El hombre no quiere seguir las advertencias que Dios da, pero cuando les va mal, se preguntan porqué les va mal, o simplemente, echan la culpa de todos sus males a Él, tratando así de escaparse de su responsabilidad al no haber seguido las advertencias que les fueron dadas.

Los pocos fieles judíos que habían escapado de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, extendieron su clamor una y otra vez al Eterno Creador, para que nuevamente derramara su poder y les ayudara a levantar la ciudad al estado antes de los ataques de los ejércitos enemigos. El pueblo judío no hubiese estado en esta situación catastrófica, si hubieran prestado atención a las advertencias que el eterno Creador les había dado en el pasado. Dios después de haber liberado a Israel de la esclavitud, les dio mandamientos para que los aplicaran a su vida. Les advirtió que el camino de la bendición estaba en la fidelidad a Él como el único Dios verdadero, y que jamás tuviesen un dios extranjero; ni que se inclinasen frente a un dios falso. Esta prohibición de idolatría la hizo recordándoles cómo les había sacado de la tierra de Egipto, la tierra donde habían permanecido esclavos durante muchos años. Adicionalmente les prometió que, si abrían la boca, Él la llenaría de cosas buenas.

El pueblo hebreo no escuchó las advertencias, ni quiso que el eterno Creador estuviera cerca de ellos. Israel voluntariamente eligió la maldición en vez de la bendición. Desobedecieron los mandatos, se pervirtieron en semejanza a los pueblos que les rodeaban y se dieron a la idolatría, a la adoración de dioses paganos que Dios había prohibido. El pueblo hebreo por su insensatez, en vez de la victoria, recibió la derrota; en lugar de la abundancia recibió el hambre; en vez de la vida recibió la muerte. Eso ocurrió una y otra vez, a lo largo de su historia, en la medida en que Dios enviaba diversos opresores contra ellos. Esa trágica situación alcanzó su punto más bajo durante la cautividad en Babilonia en el año 586 a.C.

Ante la constante negativa de escuchar las advertencias por parte de Israel, el eterno Creador dejó que siguiera sus tercos deseos, y que viviera según sus propias ideas. Las personas inconversas muchas veces tildan a Dios de ser autoritario y déspota, que prohíbe todo y no permite hacer nada al hombre. La realidad es que cada hombre está en libertad de hacer su voluntad, de escuchar o no las advertencias que Dios da. Si el hombre no está dispuesto a escuchar a Dios, entonces tampoco tiene derecho a reclamar sus bendiciones.

Queridos hermanos, Dios después de mostrarles el camino de las bendiciones y el camino de las maldiciones, permitió a Israel que voluntariamente elija el camino por el cual quería transitar. Israel por la dureza de su corazón, eligió caminar separado de Dios, caminar por el camino de la desobediencia y las maldiciones. Al igual que Israel, muchas personas elijen caminar separados de Dios, lejos de su amor, de su gracia y su misericordia. Elijen caminar lejos de la vida eterna. Hermanos, al igual que a Israel, Dios nos advierte del peligro de caminar en el camino de la desobediencia, lejos de su voluntad. Pero también nos da la libertad para que nosotros escojamos el camino por donde transitar. Antes de escoger el camino, pensemos muy bien, no elijamos el camino que nos lleve a la perdición, elijamos el camino que nos lleva a las bendiciones de Dios. Elijamos transitar por el camino de la obediencia a las advertencias que nos da nuestro amado Señor.

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