NO ENCUBRAMOS NUESTROS PECADOS

De pequeños cuando hacíamos travesuras, ya sea en la casa, en la escuela, en la iglesia, o en algún otro lugar, por todos los medios tratábamos de esconderlas de nuestros padres, para no recibir la reprenda que nos merecíamos. Al crecer y en la edad adulta, seguimos tratando de esconder de nuestros padres, o a nuestros pastores, las cosas malas que practicamos a escondidas, pensando erróneamente que nunca saldrán a la luz. Cuando llevamos una doble vida, escondiendo las cosas malas y perversas que practicamos, no tenemos paz, nos quedamos estancados y siempre estamos con el temor de que en algún momento todo salga a la luz y se haga pública nuestra doble vida. El escritor de Proverbios afirma que si escondemos nuestras faltas jamás prosperaremos: “Quien esconde su pecado jamás puede prosperar; quien lo confiesa y lo deja, recibe el perdón.” Proverbios 28:13 TLA.

Es propio de la naturaleza humana tratar de esconder por todos los medios a sus padres, familiares, amigos, o líderes religiosos, la maldad que alberga en sus corazones. En ocasiones, el esconder estas faltas parecerá que son exitosas, pero no se analizan a qué costo, pues encubrir la maldad roba la tranquilidad de llevar una vida armónica y de dormir tranquilamente sin ninguna clase de preocupación. El escritor de Proverbios afirma que el que encubre sus faltas no prospera, ya que el pecado lo separa de la comunión con el dador de la prosperidad. El pecado no confeso separa al hombre del amoroso y bondadoso Dios y jamás recibirá su favor. Pero en contraste, el hombre que reconoce su falta, confiesa todos sus pecados y se aparta de ellos, tendrá la seguridad de que Dios no sólo le perdona, sino que también los olvidará por completo.

A pesar de que hayamos aceptado a Cristo Jesús como nuestro Señor y Salvador, todavía en lo profundo de nuestro ser, hay algo que nos impide reconocer fácilmente cuando nosotros cometemos faltas delante de Dios, es algo que nos impide confesar nuestros pecados para poder tener el perdón del Señor. Debemos vencer, caso contrario, no avanzaremos en nuestra vida, ni tampoco tendremos las bendiciones que nos ofrece Dios en su palabra. Si anhelamos llevar una vida bajo el cuidado y la protección de Cristo Jesús, inmediatamente y sin demora, analicemos nuestro actuar, si tenemos pecados que hayamos estado encubriendo, con una actitud humilde reconozcámoslos, mostremos un sincero arrepentimiento, confesemos esos pecados para obtener la misericordia que reina a través de la justicia para vida eterna por nuestro Señor Jesucristo.

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