PROTEJAMOS NUESTRA VIDA ESPIRITUAL

El aliento de vida es lo más preciado que poseemos los seres humanos, por eso la valoramos grandemente. Con el anhelo de mantenernos con vida por muchos años, tratamos de llevar un estilo de vida saludable apartándonos de las adicciones y hábitos inadecuados para nuestro cuerpo. También practicamos deportes o alguna disciplina física, y cuidamos nuestra alimentación. Algunas personas inclusive pagarían todos los recursos económicos con que cuentan para extender su vida por muchísimo tiempo.

Con el propósito de preservar la vida de las personas, la ciencia médica ha realizado grandes avances científicos, y han descubierto revolucionarios tratamientos para curar ciertas enfermedades. Los tratamientos con células madres y los trasplantes de órganos, son algunos ejemplos con que la ciencia médica trata de extender la vida de las personas. Los seres humanos nos enfocamos tanto en la vida física del cuerpo, que descuidamos la vida espiritual, pasando por alto que la vida espiritual va ser más prolongada que la vida física. El escritor de proverbios nos da una pauta esencial para proteger nuestra vida espiritual: “El que cumple el mandamiento protege su vida; el que desprecia la enseñanza del Señor, muere. Proverbios 19:16 DHH.

Las personas no deben enfocarse tanto en preservar la vida física del cuerpo, ya que la vida física es pasajera, tarde o temprano terminará a pesar de todos los esfuerzos que puedan hacer la ciencia y la tecnología. En cambio, la vida espiritual es eterna, dura para siempre. Por eso el enfoque de las personas debería ser el cómo evitar la muerte espiritual antes que tratar de evitar la muerte física del cuerpo. La muerte espiritual no significa la muerte del espíritu, ni tampoco la muerte del alma, ya que ambos son eternos como el que los creó. La muerte espiritual es la separación definitiva del alma humana de su Creador. El alma del hombre al separarse de Dios, se separa de su misericordia y de su gracia. La consecuencia de esta separación es el castigo eterno merecido para el alma por sus pecados y por haber despreciado la enseñanza del Señor.

La única forma de proteger la vida del alma, y escapar de la condenación eterna es: aceptar a Cristo Jesús como Señor y Salvador, y obedecer sus enseñanzas descritas en la Biblia. Los que obedecemos los mandamientos del Señor hacemos lo que a la larga va ser mejor para nosotros, tanto física como espiritualmente. No nos enfoquemos tanto en preservar la vida física, más bien enfoquémonos en preservar nuestra vida espiritual. Obedezcamos y pongamos en práctica con fidelidad cada una de las enseñanzas de nuestro amado Señor.

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