Devocional

NÚMEROS 2

CELO POR EL EVANGELIO.

10 el SEÑOR le dijo a Moisés: 11 Finees, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, alejó mi enojo de los israelitas porque demostró entre ellos el mismo celo que yo. Así que dejé de destruir a todo Israel, como pensaba hacerlo a causa del enojo de mi celo. 12 Ahora dile que establezco con él mi especial pacto de paz, 13 por medio del cual doy a él y a sus descendientes el derecho perpetuo al sacerdocio. Pues en su celo por mí, su Dios, purificó al pueblo de Israel, y los hizo justos ante mí. NTV.

Al rededor del mundo dentro de las congregaciones cristianas, el celo por la palabra de Dios cada vez va desapareciendo. Los Pastores y líderes congregacionales al momento de predicar el evangelio, ya no sienten el mismo temor y temblor en sus exposiciones. Estos siervos tratan de congraciarse con la audiencia que los escuchan, predicando un evangelio agradable al oído de ellos, y así mantenerlos felices para que no se aparten de sus congregaciones. El verdadero siervo, no fue llamado para agradar a la congregación, fue llamado para que tenga celo por el evangelio, celo para exponer con claridad el evangelio de Cristo y liberar al mundo de la condenación eterna.

El pueblo hebreo se encontraba acampando en las cercanías de la ciudad moabita. Esta cercanía le trajo graves problemas a Moisés y Josué, pues algunos israelitas empezaron a relacionarse socialmente con los habitantes de Moab, y algunos hombres israelitas fueron más allá, estos hombres mantuvieron relaciones sexuales con las mujeres moabitas. Las mujeres moabitas a través de estas relaciones, incentivaron a los israelitas a la práctica de sus costumbres, tradiciones y cultos a los dioses propios de Moab.

Los israelitas seducidos por las moabitas empezaron a celebrar cultos y sacrificios a Baal Peor. Baal era el dios más popular en Canaán, la tierra a la que Israel estaba a punto de entrar. Este dios era representado por un toro, símbolo de fuerza y fertilidad, era el dios de las lluvias y de las cosechas. Los israelitas continuamente se sintieron atraidos a la adoración de Baal, en la que la prostitución jugaba un papel importante, durante los años que estuvieron en Canaán. Ya que Baal era tan popular, su nombre era utilizado comúnmente como nombre genérico de todos los dioses locales.

Las acciones reprochables de los israelitas, enojó en gran manera al eterno Creador, razón por la cual decretó su juicio en contra de los hombres que mantuvieron relaciones sexuales con las moabitas. El juicio decretado fue la muerte de estos hombres. Mientras se ejecutaba el juicio, se presentó un ejemplo descarado de adulterio delante de los propios ojos de los líderes hebreos. Un israelita llevó a una madianita al campamento y la condujo a su tienda para tener relaciones sexuales con ella. Al igual que este hombre, hay muchos cristianos que, a pesar de saber las consecuencias de cometer pecados, descaradamente pecan y ofenden al eterno Creador.

Ante este acto descarado de este hombre, Finees actuó con gran rapidez, tomó una lanza y siguió al hombre hasta la tienda y atravesó al hombre y a la mujer. Finees, por su celo a Dios, ejecutó el juicio en contra de este hombre. Su acción salvó al pueblo hebreo de que Dios prolongara su ira. Por su celo, Dios estableció un pacto, le prometió a Finees que el sacerdocio iba a quedar en su familia por todas las generaciones venideras.

Queridos hermanos. En nuestras congregaciones, ante las acciones pecaminosas de los miembros, debemos denunciarlo y no permitir que la honra de nuestro amado Señor sea menospreciada. Debemos actuar valientemente como Finees y no tolerar las conductas pecaminosas en nuestras congregaciones. Hermanos, recordemos que somos llamados a tener celo por las cosas de Dios, y en este celo expongamos los evangelios con reverencia, no tratando de agradar a nuestra audiencia, más bien, exponiendo un evangelio que confronte cualquier conducta pecaminosa al arrepentimiento de nuestra congregación.

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