Jesus Is Life

PUREZA ESPIRITUAL.

Apocalipsis 14:1 Luego vi al Cordero de pie sobre el monte Sión, y con él había 144.000 que tenían el nombre del Cordero y el de su Padre escrito en la frente. 3 Ese gran coro entonaba un nuevo canto maravilloso delante del trono de Dios y delante de los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos. Nadie podía aprender ese canto aparte de los 144.000 que habían sido rescatados de la tierra. 4 Ellos se han mantenido tan puros como vírgenes, y son los que siguen al Cordero dondequiera que va. Han sido comprados de entre los pueblos de la tierra como ofrenda especial* para Dios y para el Cordero. 5 Ellos no han dicho mentiras y son intachables. NTV.

La historia de la salvación muestra que el camino hacia la gloria eterna no está exento de desafíos, luchas y pruebas que ponen a prueba la fe de los hijos de Dios. A lo largo de las Sagradas Escrituras, se revela que, antes de la consumación del plan divino, habría un tiempo de gran tribulación, en el que las fuerzas del mal se levantarían con fuerza contra el pueblo escogido. Sin embargo, en medio de esa realidad que puede parecer abrumadora, la Palabra de Dios no solo advierte lo que ha de suceder, sino que también ofrece visiones de esperanza y certeza para fortalecer el espíritu de los redimidos. Es precisamente en este contexto de lucha y promesa donde se enmarca la revelación que el apóstol Juan recibió, una visión consoladora que invita a los creyentes a mirar más allá de las dificultades presentes y fijar su mirada en el triunfo seguro de Cristo y de todos aquellos que permanecen fieles a Él hasta el final.

En la continuación de la revelación Divina de los eventos futuros para la humanidad, el apóstol Juan ve al Cordero de pie sobre el monte Sion, acompañado de todos los creyentes que han permanecido fieles a las enseñanzas del Evangelio de Cristo en medio de persecuciones y aflicciones en la tierra. Ahora, estos fieles están preparados para disfrutar de los beneficios eternos y las bendiciones de la vida en comunión con Dios para siempre. Juan ve a Cristo Jesús en el centro de la ciudad de Jerusalén, acompañado de todos los que fueron redimidos por medio de la sangre del Cordero de Dios, que fue inmolado en la cruz del Calvario.

Todos estos que están alrededor del Cordero se mantuvieron fieles a pesar de todos los ataques de Satanás: no adoraron a la Bestia ni se contaminaron con ningún culto a ídolos paganos hechos por manos humanas. Recordemos que, en los tiempos del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel se apartaba constantemente de Dios al entregarse a cultos y sacrificios a los baales, prácticas que casi siempre venían acompañadas de corrupción moral. Pero quienes estarán alrededor del Cordero no tendrán ninguna mancha de corrupción ni de idolatría. Ellos conservaron su pureza sin contaminación idolátrica y permanecieron espiritualmente íntegros hasta el final.

Estos redimidos entonarán un cántico nunca antes escuchado en todo el Reino Celestial: un cántico completamente nuevo, sublime y lleno de profunda gratitud, para rendir toda honra, gloria, adoración y alabanza a Cristo Jesús, nuestro amado Salvador, por haberlos rescatado de la condenación eterna, haberlos justificado de todos sus pecados mediante su sacrificio redentor y haberles concedido la salvación, la vida eterna y el acceso pleno al glorioso y eterno Reino de los Cielos.

Queridos hermanos. Esta visión nos confirma que, aunque el camino presente dificultades y oposición, la victoria pertenece por completo a Cristo y a quienes le permanecen fieles. La promesa de estar junto al Cordero y gozar de su gloria eterna es el mayor aliento para no desmayar. Mantengamos, pues, nuestra fe inquebrantable y nuestra pureza espiritual, seguros de que el final no es la tribulación, sino la vida eterna junto a Dios. Hermanos: en nuestro caminar con el Señor habrá muchos obstáculos y pruebas que podrían hacernos dudar de nuestra fe en Jesucristo. Pero en esos momentos de tristeza y aflicción, debemos mantenernos firmes en las enseñanzas que hemos recibido y conservar la pureza espiritual que se nos dio gracias al sacrificio de Cristo Jesús en la cruz del Calvario. Hermanos, sigamos firmes en el Evangelio de nuestro Señor hasta el final de nuestros días.

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