ESCOGIDOS PARA SERVIR Y ADORAR.
He La vida cristiana no es una carrera de velocidad, sino una carrera de resistencia. Muchos creyentes, al no comprender esta realidad, después de algunos años de haber comenzado esta carrera, se cansan y dejan de honrar a Dios con su servicio en el ministerio. Esta forma de actuar no es nada nueva entre los escogidos de Dios. Por eso, en el pasado, el rey Ezequías llamó la atención a los sacerdotes judíos con estas palabras: “Hijos míos, ¡no descuiden más sus responsabilidades! El SEÑOR los ha elegido para que estén en su presencia, le sirvan, dirijan al pueblo en la adoración y presenten a él sus ofrendas”. Segundo libro de Crónicas capítulo 29 versículo 11.
Estas palabras fueron pronunciadas por el rey Ezequías en un tiempo de restauración espiritual para el pueblo de Judá. El templo había sido descuidado, la adoración había perdido el lugar central que debía ocupar y el pueblo se había alejado de Dios y de Sus caminos. Ante esta realidad, Ezequías hace un llamado a los sacerdotes y levitas para que despierten espiritualmente, retomen sus responsabilidades y vuelvan al propósito para el cual habían sido escogidos y apartados por el Señor.
La primera expresión que resalta es: “no descuiden más sus responsabilidades”. Muchas veces el cansancio, las preocupaciones, la rutina diaria o las múltiples distracciones hacen que poco a poco enfriemos nuestra vida espiritual. No siempre abandonamos a Dios de manera visible o repentina; en ocasiones simplemente dejamos de buscarlo con la misma pasión del principio, dejamos de servir con la misma entrega o permitimos que otras prioridades ocupen el lugar que únicamente le corresponde al Señor. Cuando esto sucede, nuestra relación con Dios comienza a debilitarse y perdemos sensibilidad a Su voz.
Luego aparece una verdad poderosa: “El Señor los ha elegido para que estén en su presencia”. Antes de servir, Dios llama a estar con Él. Antes de hacer, Dios desea que aprendamos a permanecer. La presencia de Dios no es una recompensa reservada para algunos; es el lugar donde todo creyente encuentra dirección para avanzar, fortaleza para continuar y renovación para seguir adelante. El servicio sin presencia se convierte en una actividad vacía; pero la presencia de Dios transforma el servicio en una verdadera expresión de adoración.
También dice: “le sirvan, dirijan al pueblo en la adoración”. Todo creyente, de una u otra manera, influye en la vida de otros. Nuestra forma de vivir, hablar y actuar puede acercar a las personas a Dios o alejarlas de Él. Por eso, el servicio al Señor no se limita únicamente a un púlpito o a una función dentro de la iglesia; comienza en el hogar, se refleja en nuestras palabras, se evidencia en el ejemplo que damos y se fortalece mediante una fidelidad constante en la vida diaria.
Finalmente, el texto habla de presentar ofrendas. Más allá de lo material, Dios busca corazones rendidos y completamente disponibles para Él. Nuestra mejor ofrenda no consiste solo en lo que damos, sino en una vida entregada al Señor, obediente a Su voluntad, agradecida por Su gracia y comprometida con honrarle cada día.
Hoy el Señor continúa llamándonos y nos dice: no descuiden aquello para lo cual fueron llamado. Regresen a Mí presencia, permanezcan cerca de Mi, sírvanme con fidelidad y permitan que toda su vida se convierta en una expresión genuina de adoración y entrega a Mí que te escogí para que vivas conmigo en el paraíso.
Oremos:
Señor, ayúdame a no descuidar el propósito que has puesto en mi vida. Renueva mi pasión por tu presencia, fortalece mis manos para servirte y haz que mi vida sea una ofrenda agradable delante de Ti. Enséñame a vivir para tu gloria y a guiar a otros con mi ejemplo. En el nombre de Jesús. Amén.