EL LEÓN DE JUDÁ
Apocalipsis 5:1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? 4 Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, … 5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. 8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; … RVR 1960.
El eterno Creador, en su completa omnisciencia, antes de crear este mundo, conocía perfectamente el destino de toda su creación. Sabía que el ser humano no se mantendría fiel y obediente a su Palabra, razón por la cual ideó un plan perfecto para el destino final de todo cuanto había creado. Este plan lo escribió en un rollo y lo dejó sellado para que solo fuese abierto, en el tiempo establecido, por alguien totalmente digno. Juan, en su visión, pudo ver este rollo en la mano del eterno Creador y también a Aquel que fue hallado el único digno de tomar el rollo y abrir los siete sellos para que fueran revelados los planes finales de Dios para su creación. El número siete es el número perfecto en la presencia de Dios y, seguramente por esa razón, ese rollo estaba sellado con siete sellos. Asimismo, el número de sellos podría representar la trascendental importancia del contenido del rollo.
Este rollo era tan importante y a la vez tan secreto que solo podría ser abierto por alguien con total dignidad. Juan escuchó la voz de un ángel que preguntaba quién de todos los presentes en el reino celestial era digno para tomar el rollo de la mano del Creador, abrir los sellos y revelar su contenido. Ante la pregunta del ángel, todos guardaron silencio, pues ninguno de ellos era digno de tomar el rollo y abrirlo. Juan, al no escuchar respuestas, se entristeció profundamente y dejó caer unas lágrimas. Al ver el llanto de Juan, uno de los ancianos le brindó palabras de esperanza, revelándole que sí había alguien digno en la corte real para tomar el rollo de las manos del Creador, quitar los sellos y leer su contenido.
El anciano le presentó al único digno hallado para romper los sellos del rollo: le presentó al León de la tribu de Judá, el único que había vencido la maldad y la muerte durante su tránsito por la tierra. Pero Juan no vio al León de Judá de la manera esperada, pues el Señor se le presentó como un Cordero inmolado. El cuerpo de este Cordero estaba lleno de marcas y cortaduras, evidencia de su sacrificio. Juan vio cómo el Cordero se acercó al trono del Creador y tomó el rollo. Una vez que el Cordero tomó el rollo, todos los moradores del reino celestial comenzaron a postrarse y a glorificar al Cordero a través de un nuevo cántico.
Los judíos, en el pasado, esperaban la venida del Mesías como un león rugiente, que acabaría con los enemigos que afligían al pueblo. Sin embargo, el Señor, en su primera venida a este mundo, se les presentó como un Cordero manso y humilde. Por esta razón, muchos judíos no recibieron al Señor y lo rechazaron, porque no era el león guerrero que esperaban. De manera similar, al apóstol Juan, el anciano le anunció a un León como el único digno de tomar el rollo y abrirlo, pero lo que apareció fue un Cordero para tomar el rollo de las manos del Creador. Para sorpresa de Juan, aquel Cordero era el mismo que se había entregado en sacrificio para redimir a los pecadores del mundo. Pero ahora, ese mismo Cordero, se manifestaría como el León que rugirá para culminar los planes de Dios.
Queridos hermanos. Es fundamental recordar que Jesucristo, en su primera venida a este mundo, se manifestó como un cordero manso y humilde para entregar su preciosa vida por nuestros pecados, consumando así el más grande acto de amor y redención. Pero ahora Él es el León de la tribu de Judá, radiante en su majestad y poder, esperando el día de su glorioso regreso para juzgar y terminar definitivamente con el pecado y la maldad de este mundo caído. Hermanos. Jesucristo a través de su inigualable sacrificio en la cruz del Calvario, venció de forma contundente la maldad y el pecado que gobernaba este mundo. Con su gloriosa resurrección, venció al Hades y a la muerte misma, y por esta victoria absoluta y eterna, Él es el único digno que merece toda la honra, la gloria y la alabanza por toda la eternidad. Alabemos y adoremos mientras tengamos aliento de vida al León de la tribu de Judá.