Jesus Is Life

LA MAJESTAD DE DIOS Y SUS REDIMIDOS.

Apocalipsis 4:2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. 3 … era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; …. 4 … y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. 6 …. y alrededor del trono, cuatro seres vivientes …. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran … diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. RVR 1960.

El apóstol Juan, una vez concluidas las epístolas que el mismo Señor le dictó para las iglesias de Asia Menor, experimentó una nueva revelación trascendental. Escuchó de nuevo una voz potente, resonando como el sonido de una trompeta, y en sus visiones fue transportado a la excelsa morada del Señor. Estas extraordinarias visiones le fueron manifestadas mediante el inmenso poder del Espíritu Santo. La tercera persona de la Trinidad le reveló situaciones y acontecimientos que, de ninguna manera, sus ojos humanos habrían podido percibir o comprender. Juan, gracias a la omnipotencia del Espíritu Santo, fue trasladado, no de forma física, sino en espíritu, a la augusta presencia del Creador mismo.

Una vez inmerso en la magnificencia del reino celestial, Juan comenzó a observar con detenimiento todas las maravillas que allí existían. Y dado que le fue expresamente ordenado escribir todo cuanto viera y escuchara, el apóstol procedió a describir, desde su propia perspectiva y marco de referencia, cada detalle de lo que presenciaba. Juan contempló un trono principal, majestuoso y central, rodeado por otros veinticuatro tronos menores. En el trono principal, tuvo la inigualable visión del mismísimo Creador, sentado y presidiendo, coordinando con sabiduría infinita todos los sucesos y acontecimientos pasados, presentes y futuros de su vasta creación. De esta forma, Juan atestiguó cómo el Creador ostentaba el control absoluto sobre todo el universo.

Los veinticuatro ancianos, ataviados con túnicas de un blanco inmaculado, en esta visión profética, probablemente representan a la totalidad de los redimidos de Dios a lo largo de todas las épocas de la Tierra, incluyendo tanto a aquellos salvos antes de la muerte y resurrección de Cristo como a los posteriores a este glorioso evento. Estos ancianos simbolizarían, por tanto, a todos los que han alcanzado la salvación hasta el inminente inicio de la tribulación, a todos aquellos que superaron innumerables obstáculos y perseveraron con fe inquebrantable hasta el final, confiando plenamente en las promesas del eterno Creador.

Juan, además, detalla la presencia de cuatro seres vivientes alrededor del trono, criaturas celestiales que con sus voces armoniosas cantaban y ofrecían continuas alabanzas y acción de gracias a Aquel que estaba sentado en el trono. En sus cánticos, proclamaban la maravilla, el poder ilimitado y la absoluta dignidad de Quien ocupa el trono, merecedor de todo honor y gloria. Y cada vez que estos seres vivientes exaltaban y glorificaban al Creador, los veinticuatro ancianos, en un acto de profunda reverencia, se postraban delante de Él, lo adoraban con fervor y presentaban sus coronas ante el trono, uniendo sus voces al cántico: “Señor y Dios nuestro; tú mereces que te alaben, que te llamen maravilloso, y que admiren tu poder. Porque tú creaste todo lo que existe; gracias a ti, todo fue creado”. Así, Juan fue testigo y partícipe de la adoración perpetua al Creador en el Cielo.

Queridos hermanos. ¡Qué privilegio tan inmenso y asombroso será formar parte de esos redimidos, quienes adorarán y glorificarán a Dios en su majestuosa morada celestial! A través de esta profunda visión de Juan, podemos tener la certeza inquebrantable de que Dios cumplirá fielmente cada una de sus promesas hechas a sus hijos. El Señor ha preparado un lugar especial y glorioso para todos aquellos que alcancen la victoria en su nombre. Hermanos. Mantengámonos firmes e inquebrantables en nuestra fe cristiana, prosigamos adelante honrando y glorificando a nuestro Señor con cada acción y palabra, hasta el bendito día de nuestra partida de este mundo terrenal y lleguemos a su santa presencia para adorarle eternamente en su trono celestial.

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