Jesus Is Life

DIGNOS DE SENTARSE EN EL TRONO CELESTIAL

Apocalipsis 3:2 ¡Despierta! Fortalece lo poco que te queda, porque hasta lo que queda está a punto de morir. Veo que tus acciones no cumplen con los requisitos de mi Dios. 3 Vuelve a lo que escuchaste y creíste al principio, y retenlo con firmeza. Arrepiéntete y regresa a mí. Si no despiertas, vendré a ti de repente, cuando menos lo esperes, como lo hace un ladrón. 11 Yo vengo pronto. Aférrate a lo que tienes, para que nadie te quite tu corona. 20 »¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos. 21 Todos los que salgan vencedores se sentarán conmigo en mi trono, tal como yo salí vencedor y me senté con mi Padre en su trono. NTV

En las iglesias que habían proliferado gracias al arduo trabajo de los primeros discípulos de Jesucristo, el nuevo nacimiento o la transformación espiritual de los cristianos no había sido del cien por ciento. Todavía arrastraban rezagos de la vieja naturaleza, las cuales los llevaban a la condenación y a la muerte espiritual. Esos vestigios hacían que las obras realizadas por aquellos cristianos no fueran vistas como perfectas en la presencia del Creador. Por eso, en una de las cartas, el Señor llama a los cristianos al arrepentimiento y a abandonar por completo la vieja naturaleza; les exhorta a volver a los fundamentos de la fe cristiana que habían oído directamente de la boca de los discípulos de Cristo.

Solo la verdadera transformación los libraría de la segunda muerte. Por eso, el Señor, a través de su epístola, pidió a aquellos cristianos velar diligentemente en el fundamento de la fe salvadora. Pues su retorno podría ser más pronto de lo que esperaban, y al no encontrarlos perseverando en el fundamento inquebrantable del Evangelio, perderían la oportunidad de ir al Paraíso juntamente con Él. Era crucial que ellos siguieran creciendo cada día en el conocimiento del Señor, profundizando en su comprensión mediante un estudio cuidadoso de las Escrituras, velando y meditando constantemente en ellas. Solo así no serían sorprendidos por el inesperado regreso del Señor.

Afortunadamente, no todo era negativo en el panorama de las comunidades cristianas primitivas, pues algunas congregaciones se mantenían firmes y fieles a las puras y esenciales enseñanzas de los apóstoles de Cristo. A estas congregaciones ejemplares, el Señor, por medio de sus divinas cartas, les alienta poderosamente a seguir adelante, reteniendo con inquebrantable firmeza esas preciosas y vitales enseñanzas, albergándolas profundamente en sus mentes y corazones hasta su glorioso y pronto regreso. Es fundamental comprender que lo importante para el Señor no era solamente que ellos estudiaran minuciosamente las Escrituras con rigor intelectual, sino que todo aquello que estudiaban con diligencia, lo retuvieran y, crucialmente, lo aplicaran activa y transformadoramente a sus vidas cristianas cotidianas. Lo verdaderamente importante y trascendental era, en esencia, vivir las Escrituras.

Algunos cristianos de estas congregaciones, lamentablemente, estaban ocupados más en sus vidas carnales y en las preocupaciones terrenales que en el cultivo y desarrollo de sus vidas espirituales. El incesante afán de este mundo, con sus atractivos y distracciones, impedía que mantuvieran una estrecha y genuina relación personal con su Salvador. Para aquellos cristianos, los placeres mundanos, efímeros y seductores, les cegaban y les impedían darse cuenta de que el Señor, en su amor incondicional, deseaba ardientemente tomar el control completo de sus vidas; el Señor anhelaba morar de forma permanente en la profundidad de sus corazones. Por ello, con una profunda invitación, en su carta, el Señor se presenta como aquel que toca con insistencia a la puerta, esperando ser recibido para entrar y habitar plenamente en sus corazones.

Queridos hermanos, los placeres de este mundo, como el dinero, la seguridad material y los bienes terrenales, pueden ser sumamente peligrosos porque su satisfacción temporal y efímera puede volvernos indiferentes al ofrecimiento de salvación y amor eterno de Dios. Hermanos, no permitamos que nada ni nadie nos separe de nuestra invaluable comunión con el Señor. Permitamos que Él gobierne cada aspecto de nuestras vidas y more por completo en nuestros corazones. Solo así tendremos la victoria verdadera y seremos dignos de sentarnos junto con el Señor en su trono celestial. Querido amigo, ¿usted desea sentarse junto a Jesús en su trono celestial? Si es así, abra la puerta de su corazón al Señor en este mismo instante, déjelo entrar, para que empiece a morar en su interior. Permita que Él borre cada uno de sus pecados y lo haga digno de sentarse junto a Él en su trono de gloria.

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
1 Comment
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
View all comments
Beatrice67
Beatrice67
9 days ago
Scroll al inicio
1
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x