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Amonestación a los herejes

Amonestación a los herejes

Perder la perspectiva del mensaje de la palabra de Dios es fácil para algunas personas que han entregado sus vidas a Cristo. Al perder la perspectiva del mensaje real de la palabra de Dios, estas personas sin importar dónde abran la Biblia, siempre creen encontrar apoyo en ella para sus ideas dogmáticas. Con estas creencias heréticas, poco a poco empiezan a contaminar a los demás miembros de la iglesia, provocando una división. Ante este posible problema que puede surgir en las congregaciones cristianas, el apóstol Pablo nos da indicaciones específicas de cómo debemos actuar con estos herejes: “Si alguien causa divisiones en la iglesia, llámale la atención una y dos veces; pero si no te hace caso, expúlsalo de ella, pues debes saber que esa persona se ha pervertido y que su mismo pecado la está condenando.” Tito 3:10-11 DHH.

La palabra hereje proviene de una palabra griega que significa faccioso o divisivo. Por ende, un hereje es quien sostiene y propaga conceptos opuestos a las grandes verdades fundamentales de la fe cristiana. En el Nuevo Testamento, un hereje incluye también a cualquiera que promueve obstinadamente una enseñanza no bíblica, aun de importancia secundaria, que causa división en la iglesia. Puede apegarse a las verdades fundamentales de las Escrituras y sin embargo fomentar alguna otra enseñanza que causa contienda porque difiere de la creencia bíblica ya aceptada por la congregación de la que forma parte. Ante la aparición de enseñanzas diferentes a las doctrinas cristianas, es importante que se exhorte a los miembros de la congregación que estén divulgando esta clase de enseñanzas, pues si se permite, estas enseñanzas heréticas pueden expandirse rápidamente y contaminar a más número de miembros de la congregación y originar una división.

La amonestación al hereje no debe ser una acción dura, sino que debe tender a corregir sus creencias erróneas de las Sagradas Escrituras, y su naturaleza divisiva, tratando de buscar siempre su restauración a la comunión con Dios y la congregación. Si los herejes después de una o dos amonestaciones rehúsan abandonar su creencias y enseñanzas heréticas, debe ser excluido de la comunión de la iglesia local. Pues ninguna iglesia cristiana debería soportar tal insensatez de los herejes, ya que si lo soporta, corre el peligro de que se genere una división de la congregación. Además, los cristianos deberían dejar de tener contacto social con él, ya que, al estar en estrecha relación con el hereje, corren el peligro de ser influenciados con sus enseñanzas erróneas de las Sagradas Escrituras. Si el hereje presta atención a la amonestación y abandona todas sus creencias erróneas, debe ser integrado al cuerpo de Cristo

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