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SENSIBLES PARA ESCUCHAR A DIOS

SENSIBLES PARA ESCUCHAR A DIOS

«Terco como una mula» , es una expresión usualmente empleada para denominar a las personas que se aferran tanto a sus ideas y actitudes que difícilmente cambian de parecer, pese a saber que su actitud e ideas no son para nada adecuadas. A este grupo de personas se les asemeja a las mulas o a los caballos, pues cuando estos animales se quedan parados en un lugar, es difícil hacer que se muevan o vuelvan a caminar. Además, el caballo tiende a ser impaciente, fogoso e impetuoso. Y la mula, por su parte, es obstinada, indisciplinada y perezosa. El salmista en su sabiduría, al tener conocimiento de la terquedad de los hombres, aconseja a todos los hijos de Dios, a no ser tercos como la mula o el caballo. Este consejo lo encontramos en el libro de los Salmos 32:9: “Los mulos y los caballos son tercos y no quieren aprender; para acercarse a ellos y poderlos controlar, hay que ponerles rienda y freno. ¡No seas tú como ellos!” TLA.

Para poder controlar a los caballos o a las mulas, es necesario tener a la mano los frenillos y cabestros, ya que sin estos objetos, se hace difícil poder controlarlos y dirigirlos por el camino por donde tienen que ir. Algo similar sucede con algunas personas, ya que son tercos y las palabras no surten efecto para hacerles que cambien de actitud o de parecer. Ante una actitud terca, es necesario la utilización de la fuerza, en este caso la utilización del cabestro para enderezar sus caminos. Algunos creyentes en ocasiones, tomamos esta actitud terca, pues no atendemos a los consejos de Dios que se encuentran en las Sagradas Escrituras, y actuamos en contra de Su voluntad. Cuando actuamos de esta manera inadecuada, a Dios no le queda más remedio que enviarnos una disciplina. En ocasiones esta disciplina puede ser severa, todo dependerá de la falta que hayamos cometido.

Dios no desea ser severo con nosotros, por eso por medio del salmista nos pide que no seamos tercos como los caballos o las mulas, sino que seamos sensibles y receptivos para escuchar su voz, y no nos lancemos hacia adelante en nuestra propia sabiduría tratando de hacer nuestra propia voluntad. El deseo de Dios es que siempre nos dejemos dirigir y guiar por el Espíritu Santo que mora en nuestro interior. Si atendiéramos este sabio consejo, no seríamos disciplinados ni castigados, pues Dios no desea guiarnos con dureza, sino con amor, ternura y sabiduría, por el camino de la verdad y la justicia, por el camino apartado de todas las asechanzas malignas y de las tentaciones de este mundo. Aceptemos los consejos de nuestro amado Padre Celestial que se encuentran a lo largo de las Sagradas Escrituras, y por nada del mundo permitamos que nuestra terca obstinación nos impida llevar una vida en completa consagración a la voluntad de nuestro amado Creador.

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