Jesus Is Life

LA LLAMA DEL VERDADERO AMOR.

CANTAR DE LOS CANTARES 8:6 ¡Graba mi nombre en tu corazón! ¡Graba mi imagen en tu brazo! ¡Tan fuerte es el amor como la muerte! ¡Tan cierta es la pasión como la tumba! ¡El fuego del amor es una llama que Dios mismo ha encendido! 7 ¡No hay mares que puedan apagarlo, ni ríos que puedan extinguirlo! Si alguien se atreviera a ofrecer todas sus riquezas a cambio del amor, no recibiría más que desprecio. TLA.

La Sulamita con su profundo deseo de permanecer unido eternamente a su amado, le pidió que grabara su nombre en su corazón, y no solo eso, sino que también grabara una imagen suya en sus brazos. La Sulamita deseaba estar estampada como un sello sobre el corazón y el brazo de su amado. En la antigüedad, el sello con el nombre del propietario se utilizaba para hacer impresiones en el barro o en otras sustancias blandas, y se estampaban en el pecho o en los brazos, representando así la firma del mismo; y, además, el sello simbolizaba confianza y apoyo. A esta costumbre aludió la Sulamita cuando pidió a su amado que la lleve como un sello sobre su corazón o sobre su brazo. En pocas palabras, ella quería que su amado la tenga presente siempre en sus pensamientos y afectos más íntimos. La razón de su súplica es su amor profundo, que era insaciable y exigente como la muerte misma. El intercambio de anillos en la actualidad, podría ser el equivalente del amado llevando el sello de ella, símbolo de compromiso y amor mutuo.

Salomón y la Sulamita habían encontrado el verdadero amor, por eso constantemente avivaban ese amor que sentían el uno por el otro a través de gestos y bellas y dulces palabras, tratando siempre de resaltar las virtudes y cualidades del otro. Estos pequeños pero grandes gestos, hicieron que el amor mutuo que sentían sea más fuerte que la misma muerte. Sentían que su amor trascendería en la eternidad. Cuando el amor dentro del matrimonio es puro y verdadero, puede sobrepasar todos los obstáculos que se les presente. El verdadero amor es tan fuerte como la muerte misma, nada ni nadie podrá aniquilarlo, ni siquiera el tiempo, ni los desastres sobrenaturales, porque el verdadero amor a pesar de que el ser amado deje de existir, los recuerdos de los bellos momentos vividos juntos, permanecerán en la mente y en el corazón de los enamorados. Para muchos, es difícil encontrar esta clase de amor, por eso cuando se encuentre, se debe cuidar como el más valioso de los tesoros, y alimentarla constantemente para que nunca desfallezca.

El verdadero amor es una llamada de fuego, sus dardos encendidos queman y abrasan al que está enamorado, como los rayos que emana de Dios siembran la desolación y la ruina. Cuando el amor entre los cónyuges es puro y verdadero, es inútil querer extinguir sus llamas devoradoras con las copiosas aguas del mar o de los ríos más caudalosos del mundo. Nada, ni nadie puede apagar las llamas del verdadero amor conyugal porque Dios mismo fue Quien las inició. Dios es Quien inicia la llama del amor en el corazón de los enamorados, por eso no puede ser apagado ni por la misma muerte. Un amor como el que Dios inicia en el corazón de los enamorados, es difícil que el hombre por si mismo pueda iniciarlo, y si alguien se atreviera a ofrecer todas sus riquezas a cambio de ese amor, no recibiría más que desprecio. El dinero puede comprar todas las cosas materiales que hay en el mundo, pero nunca podrá comprar un amor verdadero puro y sincero. El amor no tiene precio computable porque es superior a todas las riquezas del mundo, por eso nadie puede pagar por un amor verdadero. Solo Dios puede iniciar la llama del amor en el corazón de las personas para que se enamoren.

Queridos hermanos. Es difícil encontrar un amor puro y verdadero. Un amor que venza todos los obstáculos que se puedan presentar e inclusive a la misma muerte. Si han encontrado el amor puro y verdadero, cuídenlo y guárdenlo en su corazón, lleven la imagen y el nombre de su pareja en su mente, ténganla siempre presente en sus pensamientos. Que nunca disminuya su amor por su pareja, ámense cada día con ese mismo profundo amor que sentían en su primera noche de bodas. Hermanos. El amor por su cónyuge debe ser sincero, intenso y más fuerte que las cadenas de hierro, tan real como el amor de Dios por la humanidad. El amor puro y verdadero se debe aceptar como un regalo de Dios para luego disfrutarlo dentro de las reglas establecidas por Él. Acepte el amor de su cónyuge como un regalo de Dios y luche por hacerlo un reflejo del amor perfecto que viene de Dios mismo. Recuerde, la devoción y el compromiso deben ser la clave de su relación conyugal, así como la relación que usted tiene con Dios. La fidelidad de su amor matrimonial debe reflejar la perfecta fidelidad de Dios para con el mundo.

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