Jesus Is Life

ANHELEMOS ESTAR EN LA CASA DE DIOS.

SALMOS 122:1 Me alegré cuando me dijeron: «Vayamos a la casa del SEÑOR. 2 Y ahora, aquí estamos, de pie dentro de tus puertas, oh Jerusalén. 3 Jerusalén es una ciudad bien construida; sus murallas compactas son impenetrables. 4 Todas las tribus de Israel que son el pueblo del SEÑOR peregrinan hasta aquí. Vienen a dar gracias al nombre del SEÑOR, como la ley requiere de Israel. 5 Aquí están los tronos donde se emiten los juicios, los tronos de la dinastía de David. 7 Oh Jerusalén, que haya paz dentro de tus murallas y prosperidad en tus palacios. NTV.

Asistir a la casa de Dios, es una profunda alegría para los fieles seguidores de Cristo. Porque es el lugar donde se reúnen todos los fieles para glorificar, adorar y dar gracias a Dios por las múltiples bendiciones recibidas. Al igual que los fieles seguidores de Cristo de la actualidad, en el pasado, todas las tribus de Israel, debían acudir a la ciudad de David donde se encontraba el templo del Señor. Ya que era el único lugar en toda la tierra donde el eterno Creador había decretado que se juntara su pueblo para dar gracias a su nombre.

El salmista al estar mucho tiempo lejos de Jerusalén, sintió una profunda alegría cuando le dijeron: Vayamos a la casa del SEÑOR. Todas las tribus de Israel que se encontraban esparcidas en diferentes ciudades de la región debían peregrinar hasta Jerusalén, para dar gracias al nombre del SEÑOR, como la ley lo requería. El salmista y las tribus de Israel no sentían su peregrinaje a la casa de Dios como una obligación, más bien se regocijaban en poder asistir y participar de las fiestas, alabando a Dios en su casa en Jerusalén, junto a su pueblo. Una actitud como la del salmista, deben tener todos los seguidores de Cristo cuando asisten a la iglesia, deben tener un profundo regocijo por estar junto a todos los fieles, celebrando y glorificando el santo nombre del Señor.

Al estar en las puertas de la ciudad de David, el salmista se detuvo para admirar la ciudad, su color, su forma de construcción compacta, unida entre sí. Dentro de sus murallas que parecían impenetrables, bañadas por la luz radiante del sol. Admiró las casas con terrazas y otras con cúpula, y las calles estrechas. Sin duda era algo emocionante poder estar nuevamente a las puertas de la ciudad Santa después de mucho tiempo. Pero el edificio por el cual el salmista sentía una fuerte atracción sentimental era por el templo del Señor. La belleza de Jerusalén no se deriva tanto de su construcción, más bien se deriva del maravilloso templo del Señor, donde se le rendía adoración. Además, Jerusalén era la capital política de Israel, decretada por el eterno Creador, por ende, era la sede de los tronos de la dinastía de David, por tanto, el lugar designado para la administración de justicia para todo el reino hebreo.

El salmista amaba la ciudad de Dios, por eso anheló en lo más profundo de su ser que siempre haya paz dentro de las murallas de la ciudad y prosperidad en sus palacios. La paz buscada por el salmista para su amada Jerusalén era más que la simple ausencia de conflictos. Él quería que dentro de las murallas de Jerusalén haya plenitud, salud, justicia, prosperidad y protección. El mundo no puede ofrecer esta paz. La verdadera paz proviene de la fe en Dios debido a que solo Él personifica todas las características de la paz. El hombre para encontrar la paz mental y la paz con otros, primero debe encontrar la paz de Dios.

Queridos hermanos, el salmista tenía un profundo deseo de estar en la casa de Dios con todos sus compatriotas, alabando y glorificando el santo nombre del Dios de sus padres, por eso cuando le dijeron vamos a la casa de Dios, se regocijó grandemente. En la actualidad, no muchos cristianos sienten regocijo al asistir a la casa de Dios, porque sus corazones no están entregados totalmente a Él. Solo un corazón totalmente entregado a Dios, tendrá la alegría y el regocijo de estar en la casa de Dios con todos los redimidos, adorando y glorificando Su santo Nombre. Hermanos, estar en la casa de Dios debería ser el anhelo de los que hemos aceptado a Cristo, estar conjuntamente con todos los hermanos unánimes, dando gracias a Dios por todas las bendiciones que recibimos. Si no tenemos ese anhelo en nuestro corazón, pidamos a Dios para que nos de ese amor por estar en la iglesia, adorando y honrando su bendito nombre.

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x