Jesus Is Life

LA PRIMERA RESURRECCIÓN.

Apocalipsis 20:4 Después vi tronos, y los que estaban sentados en ellos habían recibido autoridad para juzgar. Vi las almas de aquéllos que habían sido decapitados por dar testimonio acerca de Jesús y proclamar la palabra de Dios. Ellos no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado su marca en la frente o en las manos. Volvieron a la vida, y reinaron con Cristo durante mil años. 5 Ésta es la primera resurrección. (El resto de los muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años). 6 Benditos y santos son aquéllos que forman parte de la primera resurrección, porque la segunda muerte no tiene ningún poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él durante mil años.

La vida en este mundo está marcada por la incertidumbre y la desesperanza en el corazón de muchas personas que creen en la existencia de un ser divino que gobierna absolutamente todo. Esto se debe a que perciben que la maldad crece cada día y que ese ser divino no interviene para impedir su avance. Ante esta situación, muchos llegan a poner su esperanza en el poder, el conocimiento, las riquezas o las soluciones humanas, mientras que, en lo más profundo de sus corazones, continúan anhelando algo que este mundo no puede ofrecer: justicia verdadera, paz eterna y una esperanza que permanezca. Al mismo tiempo, quienes deciden permanecer fieles a Cristo enfrentan pruebas, oposición, luchas internas y circunstancias que buscan debilitar su fe. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que la historia no termina en el sufrimiento ni en el caos del presente. Existe una promesa gloriosa reservada para aquellos que perseveran: una esperanza eterna preparada por el Creador para quienes permanecen firmes hasta el fin.

Precisamente en su visión, el apóstol Juan ve el cumplimiento de esta promesa maravillosa. Juan en el reino de los cielos ve tronos y, sobre ellos, sentados a quienes se les concedió autoridad para juzgar. Estos jueces estaban listos y preparados para ejercer juicio, pero no lo harán en ese momento, sino después de los mil años del gobierno de Cristo. Ellos tendrán autoridad para juzgar a todos aquellos que no tengan parte en la primera resurrección. El apóstol también vio multitudes de almas en la presencia del Creador. Estas serán las almas de hombres y mujeres que recibieron y siguieron a Cristo durante los tiempos de la tribulación; almas de los mártires que sufrieron persecución y muerte por causa de la bestia y del falso profeta; almas de quienes permanecieron fieles al evangelio recibido y rehusaron adorar a la bestia y a su imagen; y almas de los hijos de Dios de las diferentes épocas de la historia de la humanidad, quienes también atravesaron persecuciones y aflicciones por causa del maligno. Estas almas pertenecerán a todos aquellos que recibieron la justificación de sus pecados por parte del eterno Creador. Ellas resucitarán en la primera resurrección y reinarán con Cristo por mil años.

Todos aquellos que resuciten en esta primera resurrección serán llamados bienaventurados, porque tendrán asegurada la vida eterna y participarán plenamente de las promesas del eterno Creador. Vivirán cerca de Dios y permanecerán continuamente en su presencia, presentándole ofrendas y sacrificios espirituales como expresión de adoración, gratitud y entrega. Tendrán una relación más íntima y profunda con el Creador, y mantendrán una comunión especial con Él, semejante a la que tenían los sacerdotes del Antiguo Testamento, con el privilegio de ofrecer delante de Dios oraciones y servicio. Pero lo más glorioso de esta promesa será que la segunda muerte, es decir, la muerte eterna y la separación definitiva de Dios, no tendrá potestad sobre ellos. Permanecerán para siempre bajo el cuidado, la presencia y el gobierno eterno de su Señor.

Queridos hermanos, la recompensa que nos espera en la morada de nuestro amado Creador es realmente grande. Por eso, sigamos firmes en el camino de nuestra salvación, superando cualquier obstáculo que quiera desviarnos de nuestro caminar en Cristo, para así tener parte en la primera resurrección. Amigo, si usted aún no ha aceptado la salvación que Cristo le ofrece, le aseguro que no tendrá parte en la primera resurrección ni participará de las bienaventuranzas que esperan a los hijos de Dios en el cielo. Por eso, le invito a que, en este momento, cierre sus ojos, confiese sus pecados a Cristo y reciba a Cristo Jesús en su corazón. Así tendrá la esperanza de participar en la primera resurrección y disfrutar de todas las bendiciones preparadas por nuestro amado Creador.

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