Jesus Is Life

DIOS RECOMPENSA JUSTAMENTE

Al observar la prosperidad aparente de las personas malvadas, algunas que caminan fielmente en obediencia a la Palabra de Dios llegan a creer que de nada les sirve seguir este camino, si, al final, los malvados son quienes más prosperan y se enriquecen en comparación con los justos. La realidad es que dicha prosperidad de los malvados es totalmente pasajera y fugaz, pues Dios, al final de los tiempos y en su justicia perfecta, recompensará a cada ser humano de acuerdo con sus obras y acciones, tal como lo afirma claramente el profeta Jeremías: «Tú posees toda la sabiduría y haces grandes y maravillosos milagros; ves la conducta de todas las personas y les das lo que se merecen. Jeremías capítulo 32 versículo 19.

En medio de una situación profundamente desesperante y crítica: Jerusalén rodeada y asediada por las poderosas tropas de Babilonia, Jeremías mantenido en prisión y la amenaza constante de la muerte acechando sin descanso a todos los habitantes, el profeta eleva una oración llena de fe, confianza y sinceridad que reconoce tres verdades fundamentales y eternas acerca de la naturaleza de Dios: su sabiduría perfecta e infalible, su poder ilimitado y sin fronteras, y su justicia absoluta e inmutable.

En primer lugar, Jeremías declara que Dios posee toda la sabiduría sin excepción. No existe circunstancia alguna que escape a su pleno entendimiento ni problema complejo que Él no pueda resolver con acierto. Muchas veces enfrentamos situaciones difíciles que no comprendemos ni alcanzamos a explicar, pero Dios conoce el principio, el desarrollo y el final de todas las cosas. Cuando nuestra propia sabiduría resulta insuficiente o limitada, podemos confiar con seguridad en que los planes del Señor son perfectos y siempre están dirigidos a cumplir sus propósitos eternos y buenos.

En segundo lugar, el profeta reconoce que Dios realiza obras grandes y maravillosos milagros que superan toda lógica humana. El Señor no está sujeto ni limitado por las circunstancias adversas, los recursos escasos ni las capacidades humanas. El mismo Dios que abrió el mar para liberar a su pueblo, derribó murallas inexpugnables y resucitó muertos sigue obrando hoy con el mismo poder. Lo que para el hombre parece totalmente imposible, para Dios sigue siendo perfectamente posible y alcanzable.

Finalmente, Jeremías afirma que Dios observa y ve la conducta de todas las personas sin excepción. Nada permanece oculto ni encubierto delante de sus ojos santos. Él conoce nuestras acciones visibles, nuestras palabras dichas e incluso las intenciones más profundas de nuestro corazón. Esta gran verdad debe impulsarnos a vivir con plena integridad y profunda reverencia, sabiendo que nuestro Dios es un juez justo y recto que recompensa la obediencia sincera y llama al arrepentimiento a quienes se apartan de sus caminos de verdad.

Cuando parezca que la injusticia prevalece sin freno ni medida o que nadie percibe ni valora nuestros sinceros esfuerzos por servir al Señor, recordemos siempre que Dios observa cada detalle y cada momento de nuestra vida entera. Él conoce perfectamente nuestras luchas diarias, nuestras lágrimas silenciosas y ocultas, nuestra fidelidad constante y nuestro amor sincero y profundo por Él. Su juicio es siempre justo y perfecto, y su recompensa segura llega justo en el tiempo indicado y en el momento más oportuno y preciso.

Oremos:

Padre celestial, te doy gracias porque eres un Dios lleno de sabiduría, poder y justicia. Ayúdame a confiar en tus planes cuando no comprenda el camino que estoy recorriendo. Fortalece mi fe para creer en tus milagros y enséñame a vivir con un corazón íntegro delante de ti. Que cada pensamiento, palabra y acción te honren. Gracias porque tú ves mi vida, conoces mis necesidades y actúas siempre con perfecta justicia. En el nombre de Jesús. Amén.

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