Jesus Is Life

DIOS ES PACIENTE.

2 Pedro 3:9 En realidad, no es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido, quiere que todos se arrepientan. 10 Pero el día del Señor llegará tan inesperadamente como un ladrón. Entonces los cielos desaparecerán con un terrible estruendo, y los mismos elementos se consumirán en el fuego, y la tierra con todo lo que hay en ella quedará sometida a juicio. 11 Dado que todo lo que nos rodea será destruido de esta manera, ¡cómo no llevar una vida santa y vivir en obediencia a Dios, 15 Y recuerden que la paciencia de nuestro Señor da tiempo para que la gente sea salva. Esto es lo que nuestro amado hermano Pablo también les escribió con la sabiduría que Dios le dio. NTV.

Mientras más pasa el tiempo, las personas que han escuchado acerca de las promesas de bienestar prometidas por el Señor en su palabra, se preguntan por qué Dios tarda en intervenir ante tanta maldad, injusticia y dolor que reina en el mundo. Algunas personas interpretan el silencio de Dios como indiferencia, otros como demora, e incluso hay quienes dudan de sus promesas. Sin embargo, la Palabra de Dios revela una verdad profundamente consoladora: Dios no se retrasa, Dios es paciente. El apóstol Pedro es quien da esta revelación a todos los redimidos y el mundo entero. Dios no derrama su juicio inmediatamente sobre los hombres malvados, por que no desea destruirlos, quiere su restauración. La aparente tardanza de Dios no es descuido, sino una expresión de amor, porque Él desea que todos tengan la oportunidad de arrepentirse y recibir salvación. Esta paciencia divina recuerda a toda la humanidad que cada día que se vive, es una oportunidad para que se acerque más a Dios, corrija su camino y fortalezca su relación con Él.

La paciencia de Dios no es permiso para que las personas y más aún los redimidos vivan descuidadamente, sino una oportunidad para prepararse espiritualmente. Es un llamado urgente a qué valoren la salvación, a que compartan el mensaje de esperanza y a que vivan de una manera que honre a Dios en todo momento. Por su amor y misericordia, Dios sigue dando esta oportunidad para que todo el mundo lo conozca y alinien sus vidas y procedan al arrepentimiento. Él extiende el tiempo de gracia para que más personas puedan reconocer su necesidad espiritual y volver su corazón a Él. Este tiempo de gracia no será para siempre, cuando llegue el tiempo establecido, el día del Señor llegará de forma inesperada. Así como un ladrón llega sin avisar, el cumplimiento de las promesas de Dios será repentino. Con estas palabras, el eterno Creador no busca generar temor en la humanidad, sino despertar conciencia espiritual. Las personas deben recordar que la vida es breve y que debe estar preparado, viviendo cada día en comunión con Dios.

Nadie sabe cuando finalmente Dios cumpla su promesa, por eso la humanidad debe estar alerta, llevando una vida en santidad, obedeciendo las Sagradas Escrituras y comprometido con Dios. La santidad no significa perfección humana, sino una vida apartada para Dios, con un corazón dispuesto a agradarle. El anhelo de Dios es que todos sus hijos guarden su palabra y la trasformen en acciones. El creyente no tiene que esperar con los brazos cruzados que Dios intervenga, y cambie todo lo malo de este mundo. El creyente debe actuar y en sus posibilidades hacer todo para que este mundo sea mejor. Debe extender su mano para ayudar a los necesitado, ser mediadores en medio de los conflictos, y sobre todo, llevar el amor de Dios a todas las personas que se encuentren quebrantadas en su espíritu.

Queridos hermanos. Este día es una oportunidad divina para renovar profundamente nuestra fe y grabar en nuestros corazones la certeza de que Sus promesas, infalibles y eternas, se cumplirán en el momento perfecto, el cual ha sido divinamente establecido. Mientras aguardamos con expectación y anhelo este glorioso cumplimiento, debemos vivir con una esperanza inquebrantable, una obediencia diligente y una confianza absoluta, sabiendo que el Señor, en Su infinita fidelidad, siempre cumple cada una de Sus palabras. Hermanos. Es fundamental comprender que el Señor no se demora en Su acción; más bien, Su aparente tardanza es una manifestación sublime de Su amor incondicional por toda la humanidad. Su paciencia, que a veces malinterpretamos, es en realidad la expresión más pura de Su misericordia y de Su ferviente deseo de salvar a cada alma. Por lo tanto, este tiempo presente, cada instante que se nos concede, es un regalo invaluable; una oportunidad bendita para prepararnos espiritualmente con diligencia para Su glorioso regreso y para dedicar nuestra existencia a vivir una vida que honre profundamente y glorifique con cada acto Su santo y majestuoso nombre. Que nuestra existencia sea un testimonio vivo de Su grandeza y bondad.

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