EJERCICIO ESPIRITUAL
1 Timoteo 4:7 No pierdas el tiempo discutiendo sobre ideas mundanas y cuentos de viejas. En lugar de eso, entrénate para la sumisión a Dios. 8 El entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene. 9 Esta declaración es digna de confianza, y todos deberían aceptarla. NTV.
El hombre tiende a enfrascarse en conversaciones que no traen ninguna clase de beneficios para su vida. Por lo general en estas conversaciones acaloradas, cada persona lucha con el afán de imponer sus criterios o pensamientos de algún tema en particular, o creencias religiosas. Algunas veces estas conversaciones tienden a durar horas y días, y aun así no llegar a un acuerdo, pues nadie de los intervinientes está dispuesto a ceder o cambiar su punto de vista. Cuando las conversaciones llegan a este punto solo se puede concluir que fue una pérdida de tiempo. Así, existen temas de conversaciones que no tienen sentido y que enfrascarse en ellos, solo sería una pérdida de tiempo. Los creyentes no tienen que enfrascarse en esta clase de conversaciones que solo les quitará el tiempo, y mucho menos en los chimes o rumores circulantes, ni tampoco ponerse a conversar con personas tercas y necias, pues nunca cambiarán su punto de vista.
El apóstol Pablo hace este justo llamado a Timoteo para que no se enfrasque en conversaciones que no tienen sentido o que nunca llegarán a un buen puerto, y en vez de eso, le aconseja que dedique su tiempo en su crecimiento espiritual. Para crecer espiritualmente, Timoteo tenía que ejercitase de la misma manera que se ejercitaría para tener un buen aspecto físico. Comúnmente para ejercitar el cuerpo, las personas asisten a un gimnasio o practican alguna clase de disciplina deportiva como el atletismo, natación, futbol, básquet, volley etc. Para crecer espiritualmente y someterse a la voluntad de Dios, el creyente debe tener una estrecha comunión con Dios por medio de la oración, el estudio de las Sagradas Escrituras, el servicio con los dones y talentos, y asistir regularmente a los servicios religiosos o cultos. Al practicar todo esto, el creyente ejercitara su espíritu y se someterá a la voluntad de Dios, y no solo eso, sino que también podrá sobrellevar las pruebas que lleguen a su vida, así como vencer las tentaciones que le envíe el maligno.
El ejercicio corporal tiene ciertos valores importantes para el cuerpo del hombre, le ayudan a tener un buen estado físico, prevenir riesgos de contraer alguna enfermedad como la obesidad o el deterioro muscular, etc. Pero estos beneficios son limitados y de corta duración, ya que terminará cuando el hombre parta de este mundo. En cambio, ejercítase para someterse a la voluntad de Dios es buena no solo para el cuerpo sino también para el espíritu y alma del hombre, y no sólo para el tiempo presente, sino también para la eternidad. Por lo que a esta vida respecta, la sumisión a Dios da el más grande gozo, y por lo que toca a la vida venidera, tiene la promesa de una magnífica recompensa y de capacidad para gozar de las glorias de aquella escena gloriosa.
Con esto no se quiere decir que el ejercicio físico no sea importante para el creyente, si es importante, pero más importante es que dedique su tiempo para ejercitar su espíritu en completa sumisión a Dios. El creyente en su vida debe reflejar cada vez más plenamente lo que entraña la doctrina cristiana. En las situaciones concretas de su vida debe dar expresión al nuevo ser, a la nueva vida del cristiano, y realizarlo cada vez mejor. En su conducta y en su obrar debe manifestar cada vez más claramente lo esencial de la doctrina de Cristo: el amor a Dios y al prójimo, y esto solo lo logrará si está completamente sometido a Dios.
Queridos hermanos. En nuestra sociedad se hace mucho énfasis en la aptitud física, pero no en la aptitud espiritual, y esto también es visible entre los creyentes. Pues comúnmente los creyentes dan su tiempo para ejercitar su cuerpo, pero no para ejercitar su espíritu, debido a esto, muchos creyentes fácilmente se derrumban en medio de la crisis o seden con total facilidad a las tentaciones que les envía el enemigo. Como creyentes debemos entender que nuestra salud física está sujeta a enfermedades y accidentes, pero la fe puede sostenernos en medio de estas tragedias. Hermanos. Debemos dedicar parte de nuestro tiempo para ejercitar nuestra vida espiritual, ya que tiene grandes promesas no solo para esta vida sino también para nuestra vida futura. Al someternos a la voluntad de Dios permaneceremos firmes en medio de la crisis y venceremos las pruebas y obstáculos que sobrevengan a nuestra vida.
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