HECHO ESTÁ.
Apocalipsis 16:1 Luego oí una voz potente que venía del templo y decía a los siete ángeles: «Vayan y derramen sobre la tierra las siete copas que contienen la ira de Dios. 5 Y oí que el ángel que tenía autoridad sobre todas las aguas decía: «Oh Santo, el que es y que siempre era, tú eres justo, porque has enviado estos juicios. 7 Y oí una voz que venía del altar y decía: «Sí, oh Señor Dios, el Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. 9 Todos sufrieron quemaduras debido a la descarga de calor y maldijeron el nombre de Dios, quien tenía control sobre todas estas plagas. No se arrepintieron de sus pecados ni se volvieron a Dios ni le dieron la gloria. 17 Luego el séptimo ángel derramó su copa en el aire, y desde el trono del templo salió un fuerte grito: ¡Todo ha terminado!. NTV.
A través del tiempo, la palabra de Dios ha sido predicada fielmente por sus siervos. Por medio de esta predicación, las personas alrededor del mundo han escuchado o han tenido conocimiento de la existencia del único Dios verdadero; sin embargo, no lo reconocieron como su Señor. En lugar de ello, han tomado su nombre en vano para sus propios intereses, despreciando y deshonrando al supremo Creador. Esta conducta humana se agudizará aún más en el final de los tiempos. La maldad llegará a su punto máximo y casi no habrá cabida para la bondad. En aquellos días, toda la humanidad estará bajo el dominio de Satanás y de sus fuerzas de maldad. Muchos estarán llenos de entusiasmo y algarabía, celebrando la aparente victoria del príncipe de las tinieblas. Sin embargo, esa alegría durará poco tiempo, pues Dios no tardará en derramar sus juicios finales sobre el mundo.
Los siete ángeles que tenían las copas de la ira de Dios estarán listos, esperando la orden para derramar las plagas de los juicios divinos sobre la tierra. El apóstol Juan escuchó una voz que salía del interior del templo, dando la orden a estos ángeles para que procedieran a derramar las plagas sobre la humanidad pecadora. Entonces, cada uno de ellos derramó su copa. Con cada copa derramada, el mundo experimentó el furor de Dios; tanto la naturaleza como los hombres sufrirían las consecuencias de la maldad y del pecado. Con cada plaga aumentaría el sufrimiento de la humanidad. Cada uno de estos castigos del Creador sobre los impíos será justo, porque ellos despreciaron deliberadamente la salvación que Dios les había ofrecido gratuitamente a través del tiempo. Rechazaron al Creador que les dio la vida y prefirieron escuchar la voz de Satanás, a quien siguieron y rindieron culto y adoración.
Después de que fueron derramadas las primeras tres plagas sobre la tierra, el apóstol Juan escuchó la voz del ángel que tenía autoridad sobre las aguas. El ángel elevó una alabanza al Creador por su justicia sobre los impíos, y otra voz se unió a esta adoración, reconociendo la grandeza, el poder y los justos juicios de Dios. Nuestro amado Creador es justo; su justicia prevalecerá para siempre y ningún ser creado podrá escapar de ella. La humanidad quedará gravemente afectada por estas plagas, pero aun en medio de esas heridas, los impíos no reconocerán la grandeza del Creador ni se arrepentirán de sus pecados. Por el contrario, apoyados en Satanás y en las terribles bestias, blasfemarán con mayor ira el santo nombre del Dios viviente.
Al finalizar la séptima plaga, el apóstol Juan escuchó una voz que salía del interior del templo y decía: «Hecho está». Con esta declaración, se da por concluida la ejecución de los juicios de Dios sobre el mundo impío. El mundo quedará entonces preparado para el descenso del Señor, quien pondrá fin al gobierno de Satanás e instaurará su reinado sobre la tierra.
Queridos hermanos. Los juicios de Dios revelan tanto su perfecta justicia como la seriedad del pecado, pero también nos recuerdan que su amor y misericordia aún permanecen disponibles para toda la humanidad. Mientras hay tiempo, Dios continúa llamando a cada persona al arrepentimiento y ofreciendo salvación por medio de Cristo Jesús. Hoy sigue siendo el día para volver el corazón al Señor, aceptar su gracia y recibir la esperanza y la seguridad de la vida eterna. Amigo, Dios no desea enviar estos terribles juicios sobre su vida; Dios desea lo mejor para usted. Por esa razón envió a su único Hijo al mundo, para que Él recibiera el castigo que correspondía a los pecadores. Jesús ya pagó en la cruz por usted; ahora la decisión está en sus manos: aceptar o rechazar el sacrificio que Cristo Jesús hizo por amor a usted.