CORAZONES ENDURECIDOS.
Apocalipsis 9:15 Entonces los cuatro ángeles que habían sido preparados para esa hora, ese día, ese mes y ese año, fueron desatados para matar a la tercera parte de toda la gente de la tierra. 20 Sin embargo, los que no murieron en esas plagas aun así rehusaron arrepentirse de sus fechorías y volverse a Dios. Siguieron rindiendo culto a demonios y a ídolos hechos de oro, plata, bronce, piedra y madera, ¡ídolos que no pueden ni ver ni oír ni caminar! 21 Esa gente no se arrepintió de sus asesinatos ni de su brujería ni de su inmoralidad sexual ni de sus robos. NTV.
El pecado puede endurecer tanto el corazón de una persona, que llega a acostumbrarse a vivir lejos de Dios, ignorando su llamado y rechazando su misericordia. Un corazón endurecido no se quebranta fácilmente ante una advertencia o una disciplina enviada por Dios para llevarlo al arrepentimiento de sus pecados. Quienes se encuentran en ese estado soportan la disciplina y siguen sumergidos en el pecado, en lugar de buscar el perdón divino. Este comportamiento ha sido una constante a lo largo de la historia humana y se mantendrá incluso en el tiempo de los juicios que Dios realizará sobre este mundo pecador.
La idolatría, la maldad, la inmoralidad y la violencia mencionadas en este pasaje ya estaban presentes en los tiempos del apóstol Juan y continúan manifestándose en la sociedad actual; todo esto sigue alejando a muchas personas de la verdad que trae Cristo. Ante esta negativa del ser humano, al final de los tiempos Dios desatará su ira sobre el mundo, cumpliendo así los juicios anunciados por el apóstol Juan. Por ello, el rollo quedará sin sellos que impidan llevar a cabo los justos juicios divinos sobre el planeta. Los ángeles comenzarán a tocar las trompetas que les fueron entregadas, y con cada toque, una plaga se derramará, manifestando la justicia de Dios sobre la humanidad impía.
Cada una de las plagas que afectarán a la tierra en los días finales serán similares a las que Dios envió sobre los egipcios en la época de Moisés, y cada una tendrá el poder de destruir o alterar un aspecto específico del planeta. Con la primera trompeta, se destruirá la tercera parte de los árboles y de la hierba verde. Con la segunda, perecerá la tercera parte de los seres vivos del mar, así como también se destruirán los barcos que allí se encuentren. Con la tercera, se contaminará la tercera parte de las aguas. Con la cuarta, se verá afectada la tercera parte del sol, la luna y las estrellas. Con la quinta trompeta, los impíos recibirán un castigo directo.
En los últimos días, por medio de los sellos y las trompetas, Dios advertirá a quienes rechazan su palabra para que abandonen sus malos caminos y acepten el mensaje de salvación del evangelio. Sin embargo, como siempre sucede, el ser humano, que por su naturaleza carnal se muestra insensato, no escuchará estas advertencias y continuará con su vida de maldad y pecado. Las dos terceras partes de la humanidad que sobrevivan a estas plagas no se arrepentirán al presenciar tanta muerte; al contrario, seguirán con sus prácticas que ofenden al Creador. Continuarán postrándose ante demonios y ante ídolos hechos por manos humanas. Al rechazar el evangelio de Cristo, no dejarán de cometer homicidios, ni de practicar hechicerías, ni de mantener conductas de inmoralidad sexual, ni tampoco renunciarán al robo.
Al final de los tiempos, Satanás hará que los corazones de las personas se vuelvan tan duros que ni las catástrofes naturales, ni la muerte de plantas y animales, ni la contaminación de los ríos, ni la pérdida de vidas humanas podrán cambiarlos, ni llevarlos a escuchar el mensaje de salvación de Jesucristo y al arrepentimiento. Por el contrario, seguirán actuando bajo el control de sus malos deseos, provocando aún más la ira de Dios sobre ellos mismos.
Queridos hermanos. El pecado no es solo una acción equivocada, sino una fuerza que va endureciendo el corazón hasta volverlo insensible ante el amor y la justicia de Dios. La historia y las profecías nos muestran que la rebeldía humana es persistente, y que incluso ante las advertencias y los juicios divinos, quien elige alejarse de Dios se mantiene firme en su error. Al final, la separación eterna no es un destino impuesto, sino la consecuencia de haber rechazado voluntariamente su misericordia y haberse cerrado a la salvación que ofrece Jesucristo. Amigo, los días finales serán tiempos de gran sufrimiento, del cual nadie podrá escapar. Dios juzgará a todas las personas que se nieguen a aceptar el regalo del perdón por sus pecados. Hoy tienes la oportunidad de librarte de esos terribles días de dolor y lamento. No esperes más: arrepiéntete de tus pecados, acepta a Cristo Jesús en tu vida y disfruta de la seguridad de la vida eterna a su lado.