FIRMES HASTA EL FINAL.
Apocalipsis 7:9 Después de esto vi una enorme multitud de todo pueblo y toda nación, tribu y lengua, que era tan numerosa que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y delante del Cordero. Vestían túnicas blancas y tenían en sus manos ramas de palmeras. 14 … él me dijo: Éstos son los que murieron en la gran tribulación. Han lavado y blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo… 16 Nunca más tendrán hambre ni sed; nunca más les quemará el calor del sol. 17 Pues el Cordero que está en el trono* será su Pastor. Él los guiará a manantiales del agua que da vida. Y Dios les secará cada lágrima de sus ojos. NTV .
Jesucristo al estar en este mundo, instruyó a sus discípulos para que lleven su mensaje alrededor de todas las naciones del mundo. Estas nuevas noticias de salvación debían ser compartidas sin importar, la lengua, la etnia o el género de las personas, las ordenanzas de Cristo fueron de compartir su evangelio a todos, para que nadie se quede sin la oportunidad de encontrar la salvación y de la misma forma para que nadie en el día del juicio se justifique de no haber escuchado el mensaje de Dios.
Los discípulos de Cristo, cumplieron con esta comisión, salieron de Jerusalén a diferentes partes de la región, llevando siempre las buenas nuevas de salvación. Esta misión también fue traspasada a cada uno de los que se adherían a esta Fe. Todas las personas que decidían seguir a Cristo, tenían que cumplir con esta labor evangelística. Y así alcanzar al mundo para Dios. Esta misión iniciada por los discípulos de Cristo, sigue adelante en la actualidad y seguirá hasta el día cuando el Señor retorne a este mundo para comenzar su reinado terrenal.
El apóstol Juan, sigue adelante describiendo los acontecimientos de su visión. Juan de repente ve, a muchas personas de pie delante del trono del Creador. Estas personas eran de diferentes nacionalidades, las cuales estaban vestidas con túnicas blancas y palmas en las manos; el número de estas personas era incontable. Uno de los ancianos se le acercó a Juan para preguntarle, ¿Quiénes eran estos hombres? Juan al no tener respuesta específica, le contesto: tú lo sabes; estas personas delante del trono serían los que confiaron en Dios, se mantuvieron fiel durante los tiempos difíciles de la gran tribulación. Estas personas eran los que habían aceptado el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario.
La gran tribulación de que se habla aquí, no sería precisamente la de los últimos tiempos, es decir, del día de la ira del Señor, sino que probablemente se refiere a las persecuciones que ha sufrido el pueblo de Dios en diferentes tiempos del antiguo y nuevo testamento, también estarían los cristianos que son perseguidos en la actualidad en las diferentes naciones del mundo, que no aceptan la libertad del culto cristiano. Por eso, esta multitud innumerable de personas de pie en la presencia del Creador, simbolizaría a todos los salvos hasta el retorno de Cristo Jesús a este mundo.
La gran felicidad después de tanto sufrimiento se reflejará cuando las personas se encuentren definitivamente en la presencia de Dios, pues ahí morarán eternamente, sirviendo y adorando al eterno Creador. La vida en el cielo será el cumplimiento de las bendiciones finales, pues en la presencia de Dios todas las necesidades físicas del hombre desaparecerán. El llanto, el dolor, las enfermedades, los sufrimientos, el hambre y la sed no tendrán cabida en la santa morada, pues el Señor permanecerá eternamente a su lado y satisfacerá cualquier necesidad que puedan tener los hombres.
Queridos hermanos, en nuestro tránsito por este mundo, indudablemente, pasamos por muchas aflicciones, pruebas de fe, dolorosas enfermedades y diversas necesidades, que a menudo parecen abrumadoras. Sin embargo, cuando tengamos el privilegio de llegar a la gloriosa presencia de nuestro amado Creador, todo este sufrimiento terrenal desaparecerá por completo, pues en Su santa presencia no hay cabida alguna para el dolor, el llanto ni las limitaciones de nuestras necesidades. Dios mismo, en Su infinita bondad y poder, sustentará y suplirá cada una de nuestras carencias. Hermanos, impulsados por esta promesa tan maravillosa de sustento, cuidado y protección divina, sigamos adelante con determinación en nuestro camino de la salvación y la vida eterna, cumpliendo con alegría y obedeciendo cada uno de sus mandatos que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Sigamos siempre firmes, superando con valentía las pruebas y las adversidades que nos sobrevengan, con la mirada puesta en el gozo inefable de llegar a la presencia de nuestro amado Padre Celestial.