Jesus Is Life

APERTURA DE LOS JUICIOS DE DIOS.

Apocalipsis 6:12 Mientras yo miraba, el Cordero rompió el sexto sello, y hubo un gran terremoto. El sol se volvió tan oscuro como tela negra, y la luna se volvió tan roja como la sangre. 13 Entonces las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como los higos verdes que caen de un árbol cuando es sacudido por el fuerte viento. 15 Entonces todo el mundo los reyes de la tierra, los gobernantes, los generales, los ricos, los poderosos, todo esclavo y hombre libre se escondió en las cuevas y entre las rocas de las montañas. 16 Y gritaban a las montañas y a las rocas: Caigan sobre nosotros y escóndannos del rostro de aquél que se sienta en el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque ha llegado el gran día de su ira, ¿y quién podrá sobrevivir?. NTV.

A lo largo de la historia de la humanidad, el eterno Creador, para comunicarse con los hombres, levantaba de tiempo en tiempo a sus siervos: a unos para que ejercieran el liderazgo político, y a otros para que ejercieran el cuidado espiritual de su pueblo elegido. Pero cuando el pueblo se rebelaba, desobedeciendo las leyes y los mandamientos dados por Él, Dios levantaba a sus profetas para que llevaran su mensaje de advertencia contra el pueblo rebelde, a fin de que abandonaran sus vidas de maldad y volvieran al camino de la verdad y la justicia. Cuando el pueblo no escuchaba las advertencias de los profetas, Dios revelaba castigos más severos en su contra. El castigo más drástico se describía como “el día de la ira del Señor”.

Los profetas del Antiguo Testamento mencionaban a menudo la frase “El día de la ira del Señor”. Este era el día que el Señor tenía preparado para derramar su ira y su castigo devastador sobre los pueblos y naciones donde abundaba la maldad y el pecado. De este castigo final nadie tendría escapatoria, pues Dios, en su justicia, arrasaría con todas las personas que le ofendieron de una u otra forma. Todo el mundo debe ser juzgado por el supremo Creador.

En la antigüedad, los profetas, inspirados por la revelación divina, profetizaron con asombrosa precisión acerca de la inminente llegada del temido día de la ira del Señor. Esta trascendental profecía había permanecido latente a lo largo de los siglos, como una semilla esperando germinar, aguardando con paciencia el momento propicio para manifestarse y ver la luz en un tiempo futuro ya predestinado. El profeta Juan, de manera providencial, precisamente en el desarrollo de su siguiente visión apocalíptica, comienza a describir minuciosamente los sucesos preliminares y las señales inequívocas que precederán a la temible llegada del día de la ira del Señor sobre todas las naciones de la tierra.

Una vez que el Cordero tomó el rollo de la mano del Creador, va abriendo los sellos, y van apareciendo uno a uno los elementos que componen los juicios de Dios sobre todo el mundo. Cada apertura de los sellos trae fatales consecuencias para la tierra. Con la apertura de los cuatro primeros sellos aparecen los símbolos de diversas calamidades. Los cuatro primeros flagelos, representados por los cuatro jinetes, simbolizan las calamidades más frecuentes en la antigüedad: invasiones de bárbaros, guerra, hambre y epidemias. Al abrir el quinto sello, se eleva al cielo la plegaria de aquellos que han sido muertos por causa de la palabra de Dios, pidiendo a Dios que manifieste su justicia.

Con la apertura del sexto sello, comienzan a cumplirse las profecías de los profetas del Antiguo Testamento. Inicia el día de la ira del Señor sobre los impíos del mundo. Con este sello comienzan las catástrofes a lo largo y ancho del mundo. El sol y la luna pierden su luz natural, y las estrellas empiezan a caer sobre la faz de la tierra. Ante todos estos acontecimientos funestos, los habitantes de la tierra entran en pánico, tratan de escapar de estas catástrofes y buscan esconderse del juicio del Señor donde mejor puedan, pero al final nadie que no haya atendido a las palabras del Señor logrará librarse del día de su ira.

Queridos hermanos, nosotros no debemos tener miedo de esos días futuros, pues hemos recibido a Cristo Jesús en nuestros corazones. Jesús, a través de su sacrificio, hizo posible que no tengamos que vivir esos días de terror. Con su sacrificio, Jesucristo justificó nuestros pecados y nos dio la posibilidad de disfrutar de la eternidad en la presencia de nuestro Creador. Amigo. ¿Pertenece usted ya a Cristo? Si su respuesta es negativa, este es el momento preciso para que tome la decisión de aceptar a Cristo en su vida y escapar del terrible día de su ira venidera.

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