Jesus Is Life

COLABORADORES DE LA VERDAD

3 Juan 1:5 Querido amigo, le eres fiel a Dios cada vez que te pones al servicio de los maestros itinerantes que pasan por ahí aunque no los conozcas. 6 Ellos le han contado a la iglesia de aquí de tu cariñosa amistad. Te pido que sigas supliendo las necesidades de esos maestros tal como le agrada a Dios; 7 pues viajan en servicio al Señor y no aceptan nada de los que no son creyentes. 8 Por lo tanto somos nosotros los que debemos apoyarlos y así ser sus colaboradores cuando enseñan la verdad. NTV.

En la vida cristiana, a veces se tiende a pensar erróneamente que servir a Dios está limitado exclusivamente a actividades públicas y visibles como predicar, enseñar o liderar grandes congregaciones. Sin embargo, la Biblia, en su riqueza y profundidad, revela una dimensión mucho más profunda y, en ocasiones, menos reconocida del servicio cristiano: el apoyo fiel, generoso y amoroso hacia aquellos que han sido explícitamente llamados y enviados a llevar el mensaje transformador de salvación y vida eterna. Precisamente, este pasaje del apóstol Juan narra una realidad práctica y fundamental de la iglesia primitiva: existían hombres y mujeres que, sin ser necesariamente los que viajaban y se exponían públicamente, eran absolutamente esenciales y vitales para el avance de la obra de Dios.

Juan, en esta epístola inspirada, habla con claridad acerca de la importancia de la hospitalidad genuina, el compromiso inquebrantable, la generosidad desinteresada y, sobre todo, de una fe viva que se traduce de manera tangible en acciones concretas y visibles. El texto muestra de forma inequívoca que el Reino de Dios no avanza solo por el esfuerzo de quienes «van» y predican en lugares lejanos, sino también, y de manera crucial, por aquellos que sostienen, apoyan y creen fervientemente en la misión. Sin la intervención activa y constante de los que sostienen a los misioneros y evangelistas, el trabajo de estos últimos sería extremadamente complicado, limitado e incluso inviable. Por ello, para llevar las Buenas Noticias de Jesucristo a todo el mundo, tanto los que van como los que apoyan desde la retaguardia son igualmente importantes y valorados por Dios. Ambos roles son indispensables en la gran comisión.

El siervo de Dios comienza destacando la fidelidad de un creyente en su servicio hacia los maestros itinerantes. No se trata simplemente de un acto de cortesía, sino de una expresión genuina de amor cristiano. Servir a desconocidos por causa de Cristo requiere una fe madura, porque implica confiar en Dios más allá de la comodidad personal. Es un recordatorio de que la fidelidad a Dios se manifiesta en cómo se trata a otros, especialmente a quienes trabajan en Su obra. Además, estos maestros habían dado testimonio de la “cariñosa amistad” que recibieron. Esto revela que el servicio no fue frío ni por obligación, sino lleno de amor. La hospitalidad cristiana no es solo abrir la puerta del hogar, sino también el corazón. Es reflejar el carácter de Cristo en cada acto, mostrando que el amor de Dios es real y tangible.

El pasaje también resalta que estos siervos viajaban sin depender de los no creyentes. Esto establece una responsabilidad clara para la iglesia: sostener la obra de Dios desde dentro. No se trata solo de admirar a quienes predican, sino de comprometerse activamente con ellos. Todo creyente que apoya la obra de los misioneros con recursos económicos, alimentos, abrigo y hospedaje, se convierten en “colaboradores de la verdad”. No todos predican en una plataforma, pero todos pueden participar en la expansión del evangelio de Jesucristo. Este concepto cambia la perspectiva del creyente. Ya no son espectadores, sino participantes activos. Cada oración, cada ayuda, cada gesto de apoyo cuenta. Dios no mide solo el rol visible, sino la disposición del corazón. El que da, el que recibe, el que envía y el que va, todos forman parte de una misma misión.

Queridos hermanos. Posiblemente muchos de nosotros no tengamos un corazón misionero, de ir y recorrer el mundo entero compartiendo el mensaje de salvación y vida eterna, pero esto no quita que no podamos ser parte de la obra misionera encomendada por nuestro Señor. Podemos ser parte activa de las misiones con nuestras contribución económicas, con nuestra hospitalidad y generosidad hacia los misioneros que lleguen a nuestras ciudades, y sobre todo con nuestras oraciones en favor de los misioneros. Recordemos que servir a otros es servir a Dios, y que incluso los actos más sencillos pueden tener un impacto eterno. Hermanos. Ser colaboradores de la verdad es un privilegio. Significa que, aunque no siempre estemos al frente, estamos profundamente involucrado en lo que Dios está haciendo. Hoy es un buen momento para preguntarnos: ¿cómo estamos apoyando la obra de Dios? ¿Si estamos siendo fiel con lo que Él ha puesto en nuestras manos? Porque al final, el Reino de Dios avanza no solo por los que van, sino también por los que sostienen con amor, fe y obediencia.

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