Jesus Is Life

EL CORDERO COMO PASTOR.

En las páginas sagradas del libro del Apocalipsis, en el capítulo 7, versículo 17, encontramos estas palabras que parecen estar escritas con luz: «Pues el Cordero que está en el trono será su Pastor. Él los guiará a manantiales del agua que da vida. Y Dios les secará cada lágrima de sus ojos.»

No se trata de un simple conjunto de frases – es una promesa gloriosa, llena de consuelo eterno, destinada especialmente al pueblo de Dios en aquellos momentos en que la tribulación parece oscurecer el camino.

Imagínate: el Cordero de quien aquí se habla es Jesucristo mismo, quien ahora ocupa su trono celestial. Y aunque reina como un Rey, se hace cargo de nosotros como un Pastor lleno de amor. Esta imagen nos lleva directamente al Salmo 23, donde se nos cuenta cómo Él conduce a su rebaño fiel – llevándonos más allá de todas las pruebas que encontramos en esta tierra, hasta alcanzar la plenitud que nos espera en el cielo. Él es aquel que una vez se sacrificó por cada uno de nosotros, y ahora nos cuida con una ternura que lleva consigo la autoridad de quien conoce cada detalle de nuestra existencia.

Jesús no solo nos muestra el camino – nos conducirá hasta fuentes de agua viva, aquellas que nunca se agotan. Son el símbolo de la vida eterna y del Espíritu Santo, que sacia la sed espiritual que nada en este mundo puede calmar. Esta promesa de restauración completa tiene sus raíces en lo que fue dicho mucho antes, en Isaías capítulo 49, versículo 10, donde se profetizó sobre el Mesías que proveería para su pueblo sin dejar nada que falte. Allí, en el hogar celestial, no habrá lugar para la escasez ni la necesidad – solo habrá una abundancia que fluye de la misma presencia de Dios.

Llegará entonces ese día maravilloso que todos esperamos con anhelo: Dios mismo se acercará a sus amados hijos, y con sus manos llenas de ternura secará cada lágrima que haya caído de nuestros ojos. En ese instante, todo el dolor desaparecerá para siempre, la muerte ya no tendrá poder sobre nadie, y la tristeza será un recuerdo que quedará atrás. Esta acción paternal nos revela cuán íntimamente Dios nos conoce – cómo siente cada uno de nuestros dolores, cómo comprende cada pérdida – y cómo transformará todo el sufrimiento que llevamos hoy en un gozo que nunca tendrá fin. Es una esperanza viva para quienes en estos días lloran por la persecución de su fe o por la partida de seres queridos.

Este versículo nos invita a mantener la confianza, incluso cuando la tribulación nos rodea. Porque aunque hoy tengamos que caminar por valles de sombra, tenemos la certeza inquebrantable de que el Cordero está al frente, guiándonos. Nunca nos dejará solos; Él nos llevará paso a paso hacia esa fuente que sacia para siempre. Y cuando estemos en su presencia, todo lo que nos ha roto encontrará sanación, todas las preguntas que nos atormentan tendrán respuesta, y cada lágrima que hemos vertido encontrará el consuelo más profundo que existe.

Y entonces, unidos en fe, elevamos esta oración:

Señor Jesús, Cordero de Dios y buen Pastor, gracias porque aun en medio de las pruebas que enfrento, me prometes tu guía constante, tu agua viva que da vida al alma y tu consuelo que calma mi corazón. Ayúdame a mantener los ojos fijos en ti, en cada paso del camino, sabiendo que tú mismo secarás mis lágrimas y me llevarás a descansar en paz junto a tus fuentes eternas. Amén.

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