UNA CARGA PARA LA CONGREGACIÓN
UNA CARGA PARA LA CONGREGACIÓN
1 Tesalonisenses 2:5 … ¡Y Dios es nuestro testigo de que nunca aparentamos ser amigos de ustedes con el fin de sacarles dinero! 7 Como apóstoles de Cristo, sin duda teníamos el derecho de hacerles ciertas exigencias; sin embargo, … fuimos como una madre que alimenta y cuida a sus propios hijos. 9 ¿Acaso no se acuerdan, amados hermanos, cuánto trabajamos entre ustedes? Día y noche nos esforzamos por ganarnos la vida, a fin de no ser una carga para ninguno de ustedes mientras les predicábamos la Buena Noticia de Dios. NTV.
En los últimos tiempos, muchas personas inescrupulosas, han visto a la predicación de las buenas nuevas de salvación y vida eterna, como un negocio rentable, razón por la cual se han dedicado a proclamar el evangelio a los hombres sin tener el llamado de Dios, ni el don del Espíritu Santo para hacerlo. Por eso los mensaje que exponen o comparten, no están cien por ciento apegados a las Escrituras, sino que están distorsionados y sacados de contexto, pues solo así pueden enredar a los hombres en sus tramas, mentiras y engaños. Con esta distorsión del evangelio, se aprovechan de la fe de las personas que realmente buscan ese encuentro personal con Dios y la salvación de sus almas. Una vez que tienen enredado a los creyentes con sus falsas enseñanzas, los incitan a entregar sus recursos económicos, así como sus pertenencias y posesiones, para esto aducen que ellos son obreros de Dios y son dignos de recibir un salario por la exposición del evangelio.
Por su puesto que ciertos pasajes de las Escrituras, afianzan la idea de que los que predican el evangelio, tienen que vivir del evangelio, pero los verdaderos siervos de Dios, no proclaman el evangelio con la intención de recibir alguna paga por hacerlo, sino con la intención de poder dar a conocer el evangelio de la cruz y expandir el reinado de Jesucristo en el corazón de toda la humanidad. Para estos siervos, la satisfacción de poder haber llegado con el poder del evangelio al corazón de los hombres y ver su conversión a Cristo, es su paga. Este trabajo desinteresado es aprobado por Dios, y en Su justicia, no se olvida de sus fieles siervos, sino que a su debido tiempo les retribuirá por su trabajo realizado.
Un trabajo desinteresado de proclamar el evangelio de la cruz fue realizado por el apóstol Pablo, Silas y el joven Timoteo. Ellos sin ninguna clase de interés personal o algún redito económico, cuando llegaron a Tesalónica, concentraron todos sus esfuerzos en la presentación del mensaje de Dios para la salvación de los tesalonicenses. Durante su estadía en Tesalónica, Pablo, Silas y Timoteo, no quisieron ser una carga para los nuevos creyentes de esa localidad, por eso no hicieron ninguna clase de exigencia para que los sustentaran, aunque tenían todo el derecho de hacerlo de acuerdo a los escritos de Moisés, sino que ellos juiciosamente trabajaron de noche y de día para cubrir cada una de sus necesidades, y no solo eso, sino que también se preocuparon como una madre o como un padre de apoyar y sustentar a los más necesitados de la congregación de creyentes que se estaba formando. Un verdadero siervo de Dios, no desea ser una carga para la congregación, por eso organiza su tiempo para proclamar el evangelio y para trabajar en alguna actividad económica que le ayude a cubrir sus necesidades tal como lo hizo el apóstol Pablo, Silas y Timoteo, y muchos otros fieles siervos de Dios en el pasado.
Queridos hermanos. Hoy en día parece que algunos piensan que si no reciben alguna retribución económica para predicar el evangelio a tiempo completo, casi no pueden hacer nada por el Señor, pero el apóstol Pablo, al igual que los discípulos de Cristo no razonaban de esta manera, sino que trabajaban de noche y de día, para no ser gravosos a los miembros de la comunidad cristiana. Es importante que sigamos el ejemplo trazado por Pablo y los discípulos de Cristo, por eso debemos administrar nuestro tiempo, para dedicar una parte de ella para proclamar el evangelio, otra parte para realizar algún trabajo secular donde se nos pague y otra para descansar. De esta manera no seremos una carga para nuestras congregaciones, sino que seremos de bendición. Hermanos. Aunque algunos pasajes de las Escrituras afirman que los que proclaman el evangelio tienen derecho de ser sustentados por los que reciben el mensaje, no les exijamos que lo hagan. Si ellos en amor y voluntariamente lo hacen, recibámoslo con un corazón agradecido, ya que es una bendición de Dios a nuestra labor desinteresada, y si no lo hacen, igualmente agradezcamos a Dios y sigamos adelante proclamando el evangelio y trabajando en algo para sustentar nuestras necesidades.












































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