Jesus Is Life

UN PREMIO MARAVILLOSO

UN PREMIO MARAVILLOSO

Algo maravilloso que tiene la vida, es poder recibir regalos o premios de alguien que apreciamos, de alguien que nos ama profundamente, y más maravilloso es, cuando no hemos hecho nada para recibir esas dádivas. Seguramente no nos damos cuenta de que ya hemos recibido un premio maravilloso por el cual no hemos hecho nada para merecerlo, porque no hay nada bueno que podamos hacer para ser merecedores de este premio. Este regalo es maravilloso, es la salvación de nuestra alma, y como no hemos hecho nada para ser merecedores de este premio, no tenemos de que jactarnos, esta advertencia que nos da el apóstol Pablo, la encontramos en su carta a los Efesios 2:9. “La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.” TLA.

Por más que los hombres hagan cosas buenas en favor de su prójimo, o en favor de la creación de Dios, jamás podrá alcanzar la salvación, ya que no existe ni una sola obra demasiadamente buena en el mundo como para que el hombre la pueda hacer, y así obtener el premio maravilloso de la salvación por sí mismo. La salvación es un premio que Dios debido a su inmenso amor a la humanidad lo ofrece gratuitamente. Ya que la salvación es un premio gratuito de Dios para el hombre, todo aquel que obtiene este premio, no tiene razones como para jactarse, en su lugar, tiene que agradecer a Dios con un corazón sincero y humillado por haberle dado este regalo maravilloso sin que haya hecho algo para merecerlo. Ninguna persona es digna de recibir la salvación, pero Jesucristo con su obra redentora en la cruz, hizo posible que toda la humanidad sea totalmente digna para recibirla. Pero esto solo será posible, si la persona acepta el sacrificio hecho por Cristo en la cruz.

Jesús es la única razón por la cual hemos obtenido la dádiva maravillosa de la salvación, pues Él entregó su propia vida para que todos nosotros seamos liberados de la condenación eterna. Ya que nosotros no hemos hecho nada para alcanzar la salvación, no hay razón para jactarnos, sino para humillarnos en la presencia de nuestro Señor, agradecerle con todo nuestro ser por haber entregado su preciosa vida por nosotros. Y la mejor forma de agradecerle, es llevando una vida de total obediencia a cada una de sus instrucciones y enseñanzas que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Además, debemos alabar y glorificar su santo nombre, y servirle con los dones y talentos que hemos recibido. Si todavía no hemos alcanzado este premio maravilloso que nos está ofreciendo Dios, lo podemos alcanzar en este preciso instante, si mostramos un arrepentimiento sincero de nuestros pecados, los confesamos y entregamos nuestra vida a Cristo Jesús.

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