Jesus Is Life

SOLO EL SEÑOR RESCATA AL AFLIGIDO.

SALMOS 142:4 Busco a alguien que venga a ayudarme, ¡pero a nadie se le ocurre hacerlo! Nadie me ayudará; a nadie le importa un bledo lo que me pasa. 5 Entonces oro a ti, oh SEÑOR y digo: Tú eres mi lugar de refugio. En verdad, eres todo lo que quiero en la vida. 6 Oye mi clamor, porque estoy muy decaído. Rescátame de mis perseguidores, porque son demasiado fuertes para mí. 7 Sácame de la prisión para que pueda agradecerte. Los justos se amontonarán a mi alrededor, porque tú eres bueno conmigo. NTV.

Cuando la vida del hombre marcha bien, libre de cualquier necesidad o situación adversa, los amigos le sobreabundan, pero cuando la situación del hombre cambia y le sobrevienen las adversidades, los que le estimaban en tiempos de bonanza, poco a poco van desapareciéndose, nadie se queda junto al afligido y necesitado para ayudarle en esos momentos duros y difíciles, no les importa lo que le pueda pasar a quien antes estimaban. En los momentos de tribulación, los hombres llegan a conocer a sus verdaderos amigos y a los que aparentaban serlo. Al igual que muchos hombres, David en los momentos más difíciles de su vida, vio que no podía confiar en los hombres, más que en su amado Creador para ser liberado de su situación adversa.

David al encontrase en medio de la persecución por parte del ejército de Saúl, no encontró a nadie que pueda ayudarle a defenderse de los ataques de sus enemigos, los que antes le habían estimado, le habían dado la espalda, habían desaparecido en esos momentos de mayor necesidad, a todos les era indiferente la situación del salmista, no les importaba lo que le podía ocurrir con su vida. Al no encontrar a alguien que le ayude y le extienda la mano para defenderse de sus agresores, el salmista acudió en oración al Señor, y declaró que solo Él era su refugio en los momentos de angustia y necesidad, Él único que puede liberarle de las manos de sus enemigos. Es evidente que en los momentos más difíciles, no se puede confiar en los hombres, ya que la mayoría desaparecen cuando la situación se torna complicada, pero el Señor nunca desaparece, Él permanece cerca del afligido para brindarle el oportuno socorro, y liberarlo de todo lo que le aflige.

El salmista reiteró en su oración al Señor, que escuchara su clamor, y le rescatara lo más antes posible de las manos de sus opresores, ya que ellos eran demasiado fuertes. Además, los enemigos se acercaban rápidamente por todo lado a su encuentro, se sentía aprisionado como en una cárcel sin escapatoria. Los que asechaban a David, eran demasiado fuertes y estaban bien armados y listos para acabar con la vida del salmista, por eso David quería que el Señor lo rescatara de ese encierro, antes de que sus enemigos lo encontraran y le dieran muerte. Hay situaciones en la vida del creyente que al igual que el salmista, se siente aprisionado, sin escapatoria debido a las múltiples aflicciones que le han sobrevenido, en una situación así, la única salida es poner todo en las manos del Señor, para ser liberado de todo lo que le aflige. La liberación del salmista serviría para que los justos reconozcan que el Señor tiene poder para liberar a los que en Él confían, Además, se reunirían alrededor del salmista para felicitarle y unir sus voces en acción de gracias porque el Señor ha sido tan bueno para con él.

Queridos hermanos, ¿Han sentido alguna vez que a nadie le importa lo que les ha sucedido?. David tenía buenas razones para sentirse así, ya que todas las personas que habían estado junto a él, le habían abandonado en el momento que más los necesitaba. En momentos así solo se puede confiar en el Señor, ya que Él, nunca abandona a sus siervos, ni en los momentos más difíciles que puedan estar atravesando, siempre permanece junto a ellos para liberarlos de toda opresión. Hermanos, el Señor conoce muy bien el estado abatido de cada persona, pues todos están ante sus ojos, y los peligros que le acechan no se escapan a su providencia, por eso en momentos de angustia, no esperemos a que alguien venga en nuestro socorro, más bien, inmediatamente clamemos al Señor para que venga en nuestro socorro y nos libere de nuestras aflicciones. Así las personas verán el poder salvífico de nuestro Señor, y se reunirán a nosotros para darle honra, gloria y loor.

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