Jesus Is Life

SUFRIR POR EL NOMBRE DE CRISTO

SUFRIR POR EL NOMBRE DE CRISTO

HECHOS 9:10 … había un creyente en Damasco llamado Ananías. El Señor le habló en una visión, lo llamó: ¡Ananías! ¡Sí, Señor! respondió. 11 El Señor le dijo: Ve a la calle llamada Derecha, a la casa de Judas. Cuando llegues, pregunta por un hombre de Tarso que se llama Saulo. En este momento, él está orando. 13 ¡Pero Señor! exclamó Ananías, ¡he oído a mucha gente hablar de las cosas terribles que ese hombre les ha hecho a los creyentes de Jerusalén! 15 Pero el Señor le dijo: Ve, porque él es mi instrumento elegido para llevar mi mensaje a los gentiles y a reyes, como también al pueblo de Israel. 16 Y le voy a mostrar cuánto debe sufrir por mi nombre. NTV.

Existe un pensamiento erróneo entre las personas que se convierten a Cristo, ya que ellas piensan que al entregar sus vidas a Cristo, todos sus problemas serán resueltos por el Señor, y que llevarán una vida tranquila llena de paz y armonía. Estos pensamientos son erróneos, ya que la vida cristiana no es un camino lleno de rosas, sino un camino largo en el cual, seguramente los seguidores de Cristo se encontrarán con algunos espinos. Estos espinos posiblemente serán las duras pruebas que tendrán que afrontar los convertidos a Cristo, al momento de proclamar y compartir las Buenas Nuevas de salvación al mundo perdido y pecador. Porque al momento de predicar el evangelio, los creyentes se encontrarán con personas que no solo rechazarán el evangelio de Cristo, sino que ellos serán objetos de burlas y escarmientos por parte de los hombres perversos. Esta clase de vida le esperaba a Pablo tras su encuentro personal con el Señor.

Pablo antes de su conversión a Cristo, quería exterminar a los cristianos, no solo a los que se encontraban en Jerusalén, sino absolutamente a todos los seguidores de Cristo. Con este deseo, obtuvo los permisos pertinentes para apresar a todos los creyentes, sin importar donde ellos se encuentren. Con esta finalidad salió de Jerusalén a Damasco, pero en su el camino se encontró con el Señor de los hombres a quienes él perseguía. Tras ese encuentro personal con Cristo, Pablo no solo quedo ciego, sino también las vendas de su entendimiento y su corazón fueron quitadas, ahora, tenía el conocimiento de la verdad del evangelio de Cristo Jesús, a quien había estado persiguiendo para tratar de exterminarlo.

Con este entendimiento de la verdad, Pablo fue elegido para que proclamara el evangelio a los gobernantes y a todos los pueblos del mundo. Pero antes de emprender esta importante tarea, Pablo tenía que recuperar su vista, para lo cual fue dirigido a Damasco para que se encontrara con Ananías y le devolviera la vista. Ananías, sabiendo de la reputación de Pablo, no quería orar por él, pero el Señor le dio a conocer que Pablo había sido elegido para proclamar las Buenas Nuevas de salvación a todo el mundo, pero también le dio a conocer que la tarea que iba a emprender el nuevo convertido, no iba a ser nada fácil, sino que tendría que sufrir por causa del evangelio.

La vida de un verdadero siervo de Cristo, no es para nada un camino fácil y lleno de rosas, Jesucristo mismo lo reveló a Ananías, pues las profecías dadas por el Señor para Pablo, también se aplican para todos los creyentes de la actualidad que realmente anhelen proclamar el evangelio que da salvación y vida eterna. Ya que al momento de proclamar el evangelio, se encontrarán con personas que tengan un corazón predispuesto para escucharlo y aceptarlo, pero también se encontrarán con personas que tengan un corazón endurecido que en vez de aceptar el evangelio lo rechazarán, y no solo eso, sino que también insultarán a los que proclamen el evangelio. Posiblemente también tendrán que enfrentarse a la oposición de las autoridades de la nación, y a sus leyes que posiblemente penalicen la proclamación del evangelio de Cristo.

Queridos hermanos. No fuimos llamados para que tengamos una vida cómoda y tranquila, sino que al igual que el apóstol Pablo, fuimos llamados para llevar el evangelio a todas las personas del mundo. Posiblemente en el cumplimiento de esta tarea, nos encontraremos con obstáculos, pero no nos debemos dejar vencer por ellos. Debemos superarlos, no en nuestras fuerzas, sino en las fuerzas de nuestro Señor, porque Él prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Hermanos. No esperemos que nuestras vidas sean color de rosas ahora que hemos aceptado la verdad del evangelio, pues sufrir penalidades por proclamar las Buenas Nuevas de salvación de nuestro amado Señor, es lo mejor que puede pasarnos, ya que estas penalidades nos ayudarán a estar arraigados de Él, confiando siempre en su cuidado y protección infinita.

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