Jesus Is Life

PARA NO LAMENTARNOS

PARA NO LAMENTARNOS

Afrontar la muerte de un familiar no es fácil para nadie, y más para los padres cuando fallece uno de sus hijos. Cuando un hijo fallece, los padres amorosos quedan destrozados y lloran amargamente con el profundo deseo de haber fallecido ellos en lugar de sus hijos, pues sienten que sus hijos deberían vivir más tiempo que ellos y ser quienes los sepulten cuando fallezcan. Este profundo deseo sintió el rey David cuando falleció uno de sus hijos: “Al oír esto, el rey se estremeció; y mientras subía al cuarto que está encima de la puerta, lloraba y decía: «¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!” 2 Samuel 18:33 NVI.

La muerte es algo que debemos afrontar todas las personas en algún momento de nuestra vida. Esta desafortunada situación, la tenemos que afrontar como parte de la consecuencia de nuestros pecados, pues la paga del pecado es la muerte. Para los hombres hay dos únicas maneras de cómo se puede afrontar la muerte. Una de las maneras es morir sin haber recibido a Cristo como Señor y Salvador. Esta manera de morir es la más trágica, pues tras la partida física de este mundo, el alma del hombre jamás encontrará la paz, en su lugar, sufrirá por toda la eternidad. Y la otra manera de morir es teniendo a Jesucristo como su Señor y Salvador. Todo aquel que muere en Cristo, deja por completo todos los sufrimientos de este mundo y pasa a la eternidad a disfrutar de una completa paz y armonía en la compañía de Dios Padre.

Los gemidos profundos del rey David por la muerte de su hijo Absalón, sin duda reflejan el dolor que muchos creyentes experimentan cuando muere algún pariente o amigo inconverso, por quienes quizás habían estado orando por muchos años para que se arrepientan de sus pecados y reciban a Cristo en sus corazones. Los creyentes lloran ,pues saben que si sus familiares o amigos murieron sin Cristo, a ellos les espera una eternidad de sufrimiento. En contraste si algún familiar o amigo muere en Cristo, el dolor existe en el corazón del creyente, pero ese dolor, no es tan profundo, pues tienen la seguridad de que ellos pasaron a la presencia del Señor, liberándose por completo de todos los males de este mundo.

Es una realidad que no podemos hacer nada para prevenir la muerte de nuestros familiares o amigos, lo único que podemos hacer por ellos si todavía no han recibido a Jesucristo como el Salvador de sus vidas, es ayudarles a que den este paso de fe y no tengan que sufrir por toda la eternidad. Debemos aprovechar el tiempo compartiéndoles el mensaje de salvación antes de que les llegue el tiempo de su partida de este mundo, pues si mueren sin Cristo, de nada servirá que lloremos amargamente por ellos.

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