Jesus Is Life

RECONCILIÉMONOS

RECONCILIÉMONOS

Hay situaciones adversas o conflictos que marca un distanciamiento entre padres e hijos, entre hermanos, o entre amigos. Cuando se suscita este distanciamiento, hay veces que ninguna de las partes, dominadas por su orgullo, se predisponen para dar su brazo a torcer y dar el primer paso para buscar restaurar las relaciones rotas. Por este orgullo, muchas veces pierden la oportunidad de disfrutar nuevamente de la amistad, de la compañía y momentos maravillosos junto a sus familiares o amigos. Incluso por su orgullo, pueden llegar a morir sin haber restaurado la relación, y cuando eso sucede, generalmente viene el lamento y el remordimiento por no haber dado ese paso para buscar restaurar las relaciones rotas. Por eso antes de lamentarse, siempre será mejor dar el primer paso para buscar el perdón y la reconciliación. Este fue el caso del hijo pródigo: “Por fin comprendió lo tonto que había sido, y pensó: … Volveré a mi casa, y apenas llegue, le diré a mi padre que me he portado muy mal con Dios y con él.” Lucas 15:17-18 TLA.

El hijo prodigo había pedido su herencia a su padre, y con esa herencia salió a explorar el mundo. Pero en poco tiempo malgastó toda su herencia y quedó sin nada, razón por la cual buscó un trabajo, aunque como salario le dieran un plato de comida. Un hombre lo empleó y lo mandó a cuidar cerdos en su finca. Al momento que se puso a trabajar le dio tanta hambre que deseó comer la comida de los cerdos. El hijo pródigo al caer tan bajo, volvió en sí, y pensó en lo tonto que se había comportado al pedir su herencia a su padre y malgastarla. Con la mente lúcida, tomó la decisión de volver a la casa de su padre, pedirle perdón y tratar de restaurar la relación que había roto.

Solo cuando tocamos fondo, nos damos cuenta de lo tonto que nos comportamos a veces. Posiblemente no hayamos roto una relación familiar pidiendo y malgastando una herencia familiar como el hijo pródigo, pero sí puede que hayamos roto una relación con nuestro mal comportamiento, con nuestra rebeldía, o con nuestra diferencia de opiniones. Si por alguno de estos casos o por algún otro estamos distanciados de nuestros familiares o amigos. No esperemos a que algo malo nos pase o les pase a ellos para dar el primer paso para restaurar las relaciones rotas. Ahora que estamos bien o están bien ellos, es el momento oportuno para humillarnos y buscar solucionar algún impase que hayamos tenido con nuestros padres, hermanos o amigos. Es momento de reconciliarnos antes de que sea demasiado tarde, pues no sabemos hasta cuando estemos en este mundo o estén ellos. Recordemos que Jesucristo dio el primer paso para reconciliarnos con Dios. Para esta reconciliación, nuestro amoroso Señor se humilló y entregó su preciosa vida en la cruz del calvario.

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