Jesus Is Life

LA BONDAD DE DIOS

LA BONDAD DE DIOS

Amar a los agresores, sin duda es difícil para la mayoría de personas, incluyendo entre ellas a los seguidores de Cristo. Pues es difícil mostrar misericordia y expresar amor por quienes constantemente nos lastiman y ofenden con sus palabras, acciones y actitudes. Posiblemente para nosotros sea imposible amar y mostrar misericordia por esa clase de personas, pero para Dios no lo es, ya que Él constantemente está derramando su profundo amor y misericordia sobre las personas que lo lastiman y lo ofenden con sus rebeliones. Esta acción bondadosa de Dios en favor de los rebeldes y pecadores, nos da a conocer el apóstol Pablo: “Pero Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande, que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. Por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación.” Efesios 2:4-5 DHH.

La misericordia es aquella compasión y bondad que Dios manifiesta a los que son culpables de trasgredir sus mandamientos, razón por la cual no derrama el justo castigo pese a que se lo merezcan. Dios en vez de castigar a los trasgresores de sus mandamientos, derrama su profundo amor en sus vidas y los perdona de toda culpa, y como si eso no fuera poco, también les da la posibilidad de que puedan vivir eternamente en el reino de los cielos. Todo esto fue posible gracias al sacrificio de Su amado Hijo en la cruz del calvario. Jesucristo destruyó en la cruz la paga del pecado y su poder sobre la vida de las personas que aceptan su sacrificio.

Antes de aceptar a Jesucristo en nuestro corazón, éramos esclavos de nuestra naturaleza pecaminosa, y muertos espiritualmente, pero al aceptar Su sacrificio, fuimos vivificados y resucitados juntamente con Él; y sentados con Él en Su trono de gloria. Cuando Jesucristo fue vivificado, resucitado y sentado en los lugares celestiales, también lo fuimos nosotros. Todos los beneficios de Su obra sacrificial y redentora los gozamos nosotros en el presente y lo seguiremos disfrutando en el futuro por nuestro vínculo con Él. Desde el momento que aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, nos hacemos unos con Él.

Pese a que nosotros éramos enemigos de Dios, Él nos amó profundamente y extendió su misericordia para no darnos lo que nos merecíamos como pecadores, pero en vez de eso nos extendió su gracia, dándonos algo que no nos merecíamos. Gracias a su inmensa bondad, Dios nos dio la salvación y la posibilidad de vivir eternamente en su reino celestial conjuntamente con su amado Hijo Cristo Jesús. Mientras esperamos nuestra vida eterna, tenemos libertad para vivir ya no en la esclavitud del pecado, sino en la libertad de llevar una vida de total obediencia a la voluntad de nuestro amoroso Padre Celestial

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