Jesus Is Life

UNA ACTITUD HUMILDE

UNA ACTITUD HUMILDE

MATEO 18:1 Por ese tiempo, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino del cielo? 2 Jesús llamó a un niño pequeño y lo puso en medio de ellos. 3 Entonces dijo: Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el Reino del cielo. 4 Así que el que se vuelva tan humilde como este pequeño, es el más importante en el Reino del cielo. NTV.

El deseo de sobresalir u ocupar puestos importantes esta férreamente impregnado en lo más profundo del ser humano. Con ese deseo o ambición, los hombres son capaces de pasar por encima de otros. Esta forma de actuar ha sido evidente en el pasado, al igual que lo es en el presente. El hombre en este mundo y bajo su condición pecaminosa, siempre anhelará estar en lo más alto del poder y autoridad. Este deseo del hombre no concuerda con el funcionamiento del Reino de los Cielos, porque en ese lugar, el hombre más importante no será aquel que tenga poder y autoridad, sino aquel que sea manso y humilde de corazón, tal como lo es Quien gobierna este Reino eterno.

En cierta ocasión, los discípulos de Jesucristo se le acercaron y le preguntaron quién era el más importante en el Reino de los Cielos. Los discípulos le hicieron esa pregunta, porque cada uno de ellos tenía ambiciones de ocupar un puesto de gran relevancia o autoridad cuando por fin llegaran a su morada Celestial. Sin duda, cada uno anhelaba en lo más profundo de su ser, estar a la derecha de su Señor y gobernar junto a Él. Los discípulos pese a que ya habían caminado un largo tramo junto a su Maestro y escuchado cada una de sus enseñanzas, no habían podido comprender que el Reino de los Cielos era muy diferente al Reino terrenal, ya que en el mundo la importancia del hombre se refleja por el poder y autoridad que ejerce sobre otros. Por esta falta de comprensión, ellos anhelaban tener poder y autoridad en el Reino de los Cielos.

Ante esta inquietud, o deseo del corazón de sus discípulos, el Señor les dio una lección que nunca olvidarían sobre quien es más importante en su Reino. Para esta importante lección, y que sus egocéntricos discípulos captaran la idea, Jesús tomó a un niño y lo puso en medio de ellos y lo señaló como ejemplo de grandeza en su Reino. Además, les advirtió a sus discípulos que nadie podría entrar en su Reino si no llegaban a ser como un niño. El punto principal de comparación fue la humildad del niño, ya que esa es la virtud más importante en el Reino Celestial. Todo aquel que anhele llegar a la morada Celestial tendrá que cambiar su egocentrismo por humildad, cosa que es complicada y difícil para la mayoría de personas, ya que su ser está viciado con los deseos de grandeza y poder.

Jesucristo al pedir a sus discípulos que sean humildes, no les estaba pidiendo algo que Él primero no haya manifestado, ya que Él era el ejemplo perfecto de la humildad que agrada a Dios. Jesucristo pese a tener poder y autoridad en el Reino de Su Padre Celestial, no se aferró a ello, más bien se despojó, y se humilló a si mismo haciéndose igual a los hombres, y vino a este mundo a entregar su vida por toda la humanidad. Además, ante la injusticia de los líderes judíos contra Él, no utilizó su poder divino en contra de ellos, sino que les permitió que le maltrataran, e incluso que lo asesinaran cruelmente. Jesucristo tampoco utilizó su poder para su beneficio personal ni comodidad, por eso en este mundo no tuvo una casa a la cual llamarla hogar. Debido a esta completa muestra de humildad, Jesucristo tras su muerte y resurrección fue exaltado y ahora está a la diestra del Padre y gobierna al mundo entero para beneficio de su Reino.

Queridos hermanos. Los discípulos estaban tan preocupados con la organización del Reino terrenal de Jesús que perdieron la visión de su propósito divino. Se olvidaron de que el Señor les llamó para que fuesen pescadores de hombres, y así los hombres puedan ingresar a su Reino eterno. En su lugar los discípulos anhelaban ocupar puestos importantes cuando por fin llegaran al Reino de los Cielos. Cuán fácil es perder nuestra perspectiva eterna y competir por puestos de autoridad en nuestras congregaciones. Y cuán difícil es identificarnos con los niños, o con las personas más débiles y dependiente sin posición social ni influencia. Hermanos. Para entrar al Reino de los Cielos no solo debemos confesar nuestros pecados, aceptar a Jesucristo en nuestro corazón, sino también abandonar nuestros deseos de grandeza y mantener una actitud humilde como los niños, o como nuestro amado Señor y Salvador.

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