Jesus Is Life

LA SALVACIÓN NO SE HEREDA

LA SALVACIÓN NO SE HEREDA

Mateo 3:7… cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos venían a mirarlo bautizar, los enfrentó. ¡Camada de víboras! exclamó. ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira divina que se acerca? 8 Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios. 9 No se digan simplemente el uno al otro: “Estamos a salvo porque somos descendientes de Abraham”. Eso no significa nada, porque les digo que Dios puede crear hijos de Abraham de estas piedras. 10 Ahora mismo el hacha del juicio de Dios está lista para cortar las raíces de los árboles. Así es, todo árbol que no produzca buenos frutos será cortado y arrojado al fuego. NTV.

La salvación y la vida eterna en el reino de los cielos no se hereda, razón por la cual los hijos que tienen padres cristianos, jamás alcanzarán la salvación por la vida cristiana que hayan llevado sus padres. De la misma manera, los hijos pueden asistir a una iglesia desde muy temprana edad acompañando a sus padres, escuchar y aprender las enseñanzas bíblicas, así como sobre la existencia de una sola iglesia verdadera de Cristo, pero el hecho de asistir a la iglesia regularmente y aprender sus enseñanzas no implica que hayan alcanzado la salvación de su alma. Una persona no se vuelve un hijo de Dios por el simple hecho de que sus padres sean cristianos, o por asistir a la iglesia y aprender sus enseñanzas. Todas las personas que piensan de esta manera están en un grave error, como en el error que se encontraban algunos grupos del pueblo hebreo, pues ellos pensaban que tenían asegurada su salvación por el simple hecho de ser descendientes directos de Abraham.

Cuando Juan bautizaba a los que se habían arrepentido de sus pecados, un grupo de fariseos y saduceos se acercaron al lugar donde Juan se encontraba bautizando, pero ellos no se acercaron por el mensaje que había expuesto Juan en cuanto al arrepentimiento, ni para buscar la reconciliación con Dios y así alcanzar la salvación para sus almas. Ellos habían ido al lugar por simple curiosidad, ya que pensaban que no tenían pecados por los que tendrían que arrepentirse, además estaban seguros de que tenían la salvación, debido a que eran descendientes directos de Abraham el padre de toda la nación hebrea y con quien Dios había hecho el pacto perpetuo de adoptarlos como su pueblo escogido. Los fariseos y saduceos creían que por el simple hecho de ser descendientes de Abraham, miembros del pueblo escogido por Dios, los hacía espiritualmente seguros. Sin pensar que los verdaderos descendientes de Abraham son aquellos que comparten la fe de Abraham. Solamente aquellos que comparten su fe férrea son hijos de Abraham.

Al momento que Juan el Bautista se percató de la presencia de estos dos grupos de judíos, los criticó, a los fariseos por ser legalistas e hipócritas que seguían al pie de la letra la Ley mientras pasaban por alto su verdadera intención. Y a los saduceos por usar la religión para favorecer su posición política. Juan no solo los criticó, sino también les hizo un llamado para que se arrepientan de sus pecados y vuelvan de todo corazón a Dios. Además, les aseguró que el ser descendientes directos de Abraham no les garantizaba la salvación, ya que Dios puede crear hijos de Abraham de las piedras. Juan también les aseguró que el hacha del juicio de Dios estaba listo para cortar las raíces de los árboles que no produjesen buenos frutos para arrojarlos al fuego. Con estas palabras, Juan les dio a entender a los fariseos y saduceos que no todos los descendientes de Abraham alcanzarían el reino de los cielos, sino solo aquellos que cumplan con la voluntad del eterno Creador, y el resto serían echados al fuego eterno.

Queridos hermanos. Los judíos debían dejar de presumir de su descendencia de Abraham como pasaporte para llegar al cielo ya que no era una verdad absoluta. La gracia de la salvación no se transmite en el nacimiento natural, ni tampoco por que los padres sean fieles cristianos, ni menos por asistir a una iglesia y aprender sus enseñanzas. Para alcanzar la salvación y la vida eterna, cada persona tiene que recibir el mensaje de salvación, arrepentirse de sus pecados y aceptar a Cristo Jesús en su corazón. Pero estos pasos no deben ser solo de palabras, sino de hechos concretos que demuestren que tienen a Jesucristo en sus vidas. Por eso cada persona que ha entregado su vida a Cristo, tiene que llevar el fruto que Dios espera. La vida tiene que mostrar que la profesión de fe es genuina. Jamás pensemos en la iglesia como un tren, y que nos iremos al cielo sólo que seamos pasajeros en ese tren. Para alcanzar la salvación y la vida eterna, cada uno debe tener una adecuada relación con Dios.

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