Jesus Is Life

POR UN POCO DE TIEMPO

POR UN POCO DE TIEMPO

Cuando se genera un desacuerdo dentro de una pareja, también se genera una fuerte discusión, y al ver que la discusión no les está llevando a algún lado, los esposos optan por salir de sus casas para tratar de despejar sus mentes y no seguir más con la discusión, incluso lo hacen para evitar maltratar a sus esposas en esos momentos de ira. Pero una vez que despejan sus mentes y la ira se ha desvanecido, vuelven a sus casas junto a sus esposas para tratar de resolver el desacuerdo con calma. El amor del esposo hacia su esposa, es más fuerte que cualquier desacuerdo o problema que pueda generarse dentro de la pareja. Algo similar es el amor de Dios por toda la humanidad, y más profundamente por sus hijos.

Dios ante la desobediencia y rebeldía de sus hijos, no los abandona definitivamente, sino que aparta su rostro momentáneamente de ellos hasta que su enojo desvanezca. Esta forma de actuar, Dios la dio a conocer a su pueblo elegido para que ellos tengan la seguridad que su ira contra ellos no sería para siempre, sino que una vez que su enojo desvanezca, volvería a ellos para manifestarles nuevamente su profundo amor. Estas palabras de Dios a su pueblo, lo registró el profeta Isaías en su libro: ““Sólo por un momento te dejé abandonada, pero con gran ternura te aceptaré de nuevo.” Cuando me enojé contigo, me alejé de ti por un poco de tiempo, pero muy pronto tuve compasión de ti y te manifesté mi amor eterno”.” Isaías 54:7-8 TLA.

Cuando la rebeldía y el pecado del pueblo hebreo colmó la paciencia de Dios, Él en su enojo los abandonó, dejándolos a merced de los ataques de las naciones vecinas, pero este abandono no fue para siempre por su profundo amor que tenía a su pueblo. El Dios que servimos es santo y no tolera el pecado en ningún grado, por eso cuando Israel pecó flagrantemente, Dios en su ira decidió abandonarlos para que las naciones enemigas lo atacaran fácilmente. El enojo de Dios por sus hijos no dura para siempre, por eso cuando la ira contra Israel desvaneció, nuevamente los acogió en sus brazos para amarlos y protegerlos de toda asechanza enemiga.

El pecado nos separa de Dios y nos trae dolor y sufrimiento. Pero si confesamos nuestro pecado y nos arrepentimos de todo corazón, Dios nos perdona y nos acoge nuevamente en sus brazos para amarnos, cuidarnos, protegernos y bendecirnos. Por eso, si hemos cometido alguna falta grave delante de Dios pese a haber aceptado a su Hijo como nuestro Salvador, podemos tener la certeza de que Él nuevamente nos puede acoger en sus brazos, pero para eso, nosotros tenemos que mostrar un genuino arrepentimiento y pedirle perdón de todo corazón por haberle fallado. Dios en su fidelidad y por su profundo amor, nos perdonará, y nos acogerá nuevamente en sus brazos porque su enojo no es para siempre.

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