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CASTIGO A LOS HIJOS

CASTIGO A LOS HIJOS

AMÓS 3:1 Escuchen este mensaje que el SEÑOR ha hablado contra ustedes, oh pueblos de Israel y Judá, contra toda la familia que rescaté de Egipto: 2 De entre todas las familias de la tierra, sólo con ustedes he tenido una relación tan íntima. Por eso debo castigarlos por todos sus pecados. 14 El mismo día que yo castigue a Israel por sus pecados, destruiré los altares paganos en Betel. Los cuernos del altar serán cortados y caerán al suelo. 15 Y destruiré las hermosas casas de los ricos sus mansiones de invierno y también sus casas de verano, todos sus palacios cubiertos de marfil, dice el SEÑOR. NTV.

Ningún padre que ama profundamente a sus hijos, desea ver que alguno de ellos pase el resto de sus días detenido en un calabozo. Por eso al momento que empiezan a tener un mal comportamiento, trata de corregirlos mediante la disciplina, ya que si no los disciplinan inmediatamente, corren el peligro de que su comportamiento empeore cada día. Tal como un padre terrenal ama profundamente a sus hijos, el Padre Celestial ama profundamente a sus hijos, por eso los disciplina cuando ellos se apartan de los caminos de la verdad y la justicia, tratando de esa manera de enderezarlos para que vuelvan a vivir bajo Su voluntad que siempre es perfecta.

El pueblo hebreo, fue un pueblo privilegiado, ya que fue elegido de entre todas las naciones del mundo antiguo para que tengan una estrecha relación con el eterno Creador del universo. Dios el Padre de toda la creación, escogió a Israel para que fuera el pueblo por medio del cual otras naciones del mundo lo conocerían a Él. Israel no tuvo que hacer nada para ser escogido; Dios le dio este privilegio especial porque así quería hacerlo, no porque se merecieran un trato especial, sino que por la promesa hecha a Abrahám. Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto, pero rápidamente se olvidaron y abandonaron su fidelidad al Creador. Y como si eso no fuese poco, ellos se apartaron de las leyes y ordenanzas dadas por el Señor a sus antepasados por medio de Moisés. El pueblo hebreo se corrompió siguiendo las prácticas de los pueblos paganos de la región, abandonó la adoración a su Creador y empezó a adorar a los dioses paganos, a los dioses creados por manos humanas.

Con esta serie de pecados, el pueblo hebreo que se había dividido en el reino del norte (Israel) y el reino del sur (Judá) rompieron las relaciones con su Dios; por esa ruptura no era posible que Dios siguiera caminando junto a ellos y el juicio era necesario para purificar a los reinos de su maldad. Israel y Judá, dejaron de gozar de la protección divina como pueblos rebeldes que habían dejado sus compromisos con su Creador, ahora debían sufrir los rigores de la justicia divina. El castigo era inminente, Dios castigaría a estos reinos separadamente. Antes de su definitivo castigo sobre Israel y Judá, Dios había lanzado advertencias a través de sus profetas, pero los pueblos no atendieron las advertencias, razón por la cual el castigo definitivo era eminente. Si Dios no hubiese determinado el castigo sobre su pueblo pecador, no hubiese sido justo con las otras naciones que fueron castigadas por sus acciones pecaminosas. Además, Israel merecía un castigo más severo que las naciones paganas, debido a que él conocía perfectamente los planes de Dios, y las consecuencias de rebelarse contra esos planes.

Queridos hermanos. La misericordia de Dios por la humanidad pecadora, sobrepasa cualquier entendimiento del hombre, por eso pese a que se rebelen una y otra vez en contra de su voluntad, Dios como Padre amoroso no los disciplina inmediatamente, sino que da oportunidades para que se arrepientan de sus pecados. Por eso constantemente envía advertencias por medio de sus siervos, para que los amonesten, pero si no escuchan estas palabras de amonestación, a Dios no le quedara más remedio que enviar un severo castigo sobre los pecadores, tal como lo hizo sobre Israel en el pasado. Hermanos. No debemos pasar por alto las advertencias que encontramos en las Sagradas Escrituras, debemos prestar atención a esas advertencias si no estamos caminando en conformidad a la voluntad de Dios, ya que el castigo sobre nosotros que conocemos su Palabra, será más severo que el castigo que impondrá a las personas inconversas. Si estamos andando en los caminos del pecado, es momento de que reflexionemos y mostremos un genuino arrepentimiento, y confesemos nuestros pecados a Dios, para recibir su perdón y no ser castigados por nuestra desobediencia.

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