Jesus Is Life

PERDONADOS POR UN ALTO PRECIO

PERDONADOS POR UN ALTO PRECIO.

OSEAS 3:1 Entonces el SEÑOR me dijo: Ve y ama otra vez a tu esposa, aun cuando ella comete adulterio con un amante. Esto ilustrará que el SEÑOR aún ama a Israel, aunque se haya vuelto a otros dioses y le encante adorarlos. 2 Así que la recuperé pagando quince piezas de plata, doscientos veinte kilos de cebada y una medida de vino. NTV.

En este mundo imperfecto, es inevitable que una persona sufra alguna traición en alguna etapa de su vida. Esto se debe a que ninguna persona tiene la capacidad suficiente para permanecer fiel o leal a su prójimo. Por eso en algún momento de su vida, el hombre se ve tentado a traicionar a un familiar, un amigo, un compañero o a su conyugue. Ante esta tentación, los hombres fácilmente caen debido a la debilidad de su carne. Después de sufrir una traición, para el hombre es difícil restablecer la confianza con la persona que le traicionó, y más aún si la persona que lo traicionó es su propio cónyuge. Ante una traición, la herida siempre queda abierta pese a que se hayan perdonado.

El profeta Oseas sufrió una traición por parte de su esposa. Ella lo había abandonado, y se había ido con otro hombre a rehacer su vida. Ante esta situación que atravesaba el profeta, el eterno Creador vio una oportunidad para ilustrar el mensaje que tenía preparado para la nación hebrea. Dios pidió a Oseas que perdonara la traición de su esposa, y la acogiera nuevamente en su casa. Seguramente el pedido de Dios al profeta era algo muy difícil, pues le pidió que perdonara el adulterio de su esposa. Muchas personas en la actualidad, pensarían una y otra vez antes de perdonar una traición similar a esta. Algunos perdonarían esa traición, pero no les recibirían nuevamente en sus casas. Algunos ni siquiera pensarían, sino que simplemente no les perdonarían. El profeta Oseas en contraste a la mayoría de hombres, amaba profundamente a Dios y confiaba plenamente en Él. Oseas sabía que con este pedido, Dios tenía algún propósito para su vida. Y precisamente así sería: Ya que el perdón de Oseas a su esposa, ilustraría el perdón que derramaría el eterno Creador sobre su pueblo traidor, rebelde e idólatra.

El pueblo hebreo traicionó a Dios, y cometió adulterio al rendir culto y adoración a los dioses de las naciones cananeas. Además, les ofreció sacrificios, les dio más honra y honor que a su Creador que en el pasado les había liberado de las manos de los egipcios. Los israelitas fácilmente se olvidaron de todo lo que el eterno Creador había hecho por su nación, y prefirieron amar a los dioses que no les habían dado nada, solo por querer ser iguales que el resto de las naciones vecinas. Israel era la esposa infiel y adúltera que Dios iba a perdonar, y no solo le iba a perdonar, sino que también le iba recibir nuevamente en sus brazos para cuidarlo, protegerlo y bendecirlo.

El profeta Oseas para perdonar y recibir a su esposa nuevamente en casa, tuvo que pagar al hombre con quien estaba conviviendo su esposa. Y el precio que tuvo que pagar fue quince piezas de plata, doscientos veinte kilos de cebada y una medida de vino. Parece algo incoherente pagar un alto precio para perdonar un adulterio, pero no es algo incoherente pagar un alto precio para perdonar a quien se ama profundamente, y esto justamente hizo Dios por su profundo amor por la humanidad. Él pagó un alto precio para perdonar a la humanidad su rebelión, su adulterio y sus pecados, y el precio que pagó fue la vida de su amado Hijo en el madero. Cristo Jesús derramó hasta la última gota de su sangre, para reconciliar a la humanidad con Dios y así puedan vivir eternamente en la morada Celestial junto a Él.

Queridos hermanos. A Dios no le importó las rebeliones pasadas de la nación hebrea, Él acogió nuevamente en sus brazos amorosos a Israel para amarla, cuidarla y bendecirla. Dios por su amor a su pueblo, borró por completo el pecado y la maldad de Israel. Los cristianos al igual que Israel, constantemente vivimos equivocándonos y desobedeciendo a nuestro amado Señor, pero el Señor, en su gran y profundo amor, nunca nos abandonará como no abandonó a Israel, El siempre permanecerá fiel a pesar de que le seamos infieles, por eso Él espera pacientemente para que recapacitemos y volvamos a sus brazos amorosos. Hermano, amigo; no importa lo bajo que caigamos, Dios siempre está dispuesto a «comprarnos» (redimirnos) y a levantarnos otra vez. Dios en este momento, está esperando que usted reconozca sus pecados y se arrepienta, Dios le está esperando con los brazos abiertos, no pierda la oportunidad de disfrutar del cuidado y la protección de nuestro amado Señor.

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