Jesus Is Life

LO MEJOR DE NOSOTROS

LO MEJOR DE NOSOTROS

El deseo de la mayoría de nosotros, es tener lo mejor del mundo para nuestra vida, sea en vestimenta, bisutería, perfumes, artículos para el hogar y entretenimiento, autos, viajes, comida, etc. Siempre estamos deseando tener cosas de valor o de marcas reconocidas a nivel del mundo, y si nuestra economía no nos permite dar esos lujos, buscamos como darnos, mediante préstamos bancarios. A algunos no nos importa endeudarnos por tener siempre lo mejor. En contraste a este deseo de lo mejor para nosotros, cuando se trata de algo para el Señor, buscamos algo que no nos cueste, algo que no afecte nuestros recursos económicos, nuestras fuerzas o nuestro tiempo. Al Señor, no estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros, sino solo lo que nos sobre o no nos cueste.

El rey David no quería ofrecer al Señor algo que no le haya costado, algo por lo que no haya tenido que pagar un precio justo, y por eso cuando Arauna le ofreció regalarle un terreno, toros y leña para el fuego, y que presentara su sacrificio a Dios, no lo aceptó. Esta narrativa de la postura del monarca del reino hebreo la encontramos en 2 Samuel 24:24. “Pero el rey respondió: Te lo agradezco, pero tengo que comprártelo todo pagándote lo que vale, pues no presentaré al Señor mi Dios holocaustos que no me hayan costado nada. De esta manera David compró aquel lugar y los toros por cincuenta monedas de plata” TLA.

Alcanzar la salvación y la vida eterna no nos costó nada, por eso muchas veces no las valoramos, ni tampoco damos gracias al Señor por todo lo que hizo y hace por nosotros. Sin esa debida gratitud, nuestro compromiso con el Señor está determinado por consideraciones de conveniencia, costos y comodidad. Sí, iremos a la reunión de oración si no estamos cansados o no tenemos dolor de cabeza. Sí, enseñaremos en la clase bíblica siempre y cuando esta no interrumpa un fin de semana de viaje de vacaciones o un paseo con los familiares. Al momento de ofrecerle algo al Señor, siempre tenemos condicionantes, pues no estamos dispuestos a darle lo mejor de nosotros, sino lo que nos sobre o no nos cueste.

A menudo queremos una religiosidad donde no tengamos que sacrificar algo, pero esa clase de religiosidad no le agrada a nuestro amado Padre Celestial. Por eso cuando quiso rescatarnos de la condenación eterna, entregó lo más valioso que tenía, y fue la vida de su propio Hijo, quien pagó un precio muy alto para darnos la salvación y la vida eterna. Si valoramos este maravilloso amor demostrado por Cristo, al igual que David, tenemos que darle al Señor lo mejor de nosotros. Debemos darle algo que realmente nos cueste como nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestros dones y talentos. Todo nuestro ser y recursos, los debemos poner al servicio de nuestro amado Señor.

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