Jesus Is Life

LA PROMESA DEL SEÑOR

LA PROMESA DEL SEÑOR.

EZEQUIEL 43:1 Después el hombre me llevó de regreso a la puerta oriental. 2 De pronto, la gloria del Dios de Israel apareció desde el oriente. El sonido de su venida era como el rugir de aguas torrentosas y todo el paisaje resplandeció con su gloria. 4 y la gloria del SEÑOR entró al templo por la puerta oriental. 5 Luego el Espíritu me levantó y me llevó al atrio interior, y la gloria del SEÑOR llenó el templo. 7 El SEÑOR me dijo: Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono y el lugar donde pondré los pies. Viviré aquí para siempre, entre los israelitas. Ni ellos ni sus reyes volverán a profanar mi santo nombre cometiendo adulterio al rendir culto a otros dioses y honrando las reliquias de sus reyes ya muertos. NTV.

En los primeros capítulos de este libro, el profeta Ezequiel describió como la gloria de Dios abandonaba el templo de Jerusalén, la cual había sido su morada terrenal desde el momento que fue construido por el rey Salomón. Dios en ese entonces, no solo abandonó el templo, sino que también apartó su mirada de la ciudad santa para que el ejército babilonio ejecutara el juicio decretado por Él sobre la casa de David. Dios había apartado su mirada de su nación amada debido a sus constantes rebeliones, por quebrantar sus leyes y mandamientos. A pesar de ese abandono, Dios no dejaría desamparado para siempre a su pueblo elegido, el Señor mostraría su fidelidad a sus promesas hechas a sus padres en el pasado, por eso retornaría a su ciudad y a su templo para vivir entre ellos para siempre.

Una vez que todas las habitaciones del templo fueron medidas, el profeta Ezequiel fue llevado de regreso a la puerta oriental del templo, desde donde pudo ver la gloria de Dios acercándose. El profeta tenía la certeza de que era la gloria de Dios acercándose al templo, ya que en dos ocasiones anteriores había presenciado esa manifestación Divina. La primera vez fue cuando el Señor lo llamó para que sea el mensajero de su pueblo que se encontraba cautivo en tierras del imperio babilonio, y la segunda vez fue cuando el Señor de los ejércitos Celestiales abandonó el templo y la ciudad de Jerusalén para que fuese destruida completamente por el imperio babilonio. En esta ocasión, la manifestación de la presencia del Señor acercándose fue similar a la de las anteriores. El sonido de su manifestación era como el rugir de aguas torrentosas, y a su paso, todo el paisaje resplandecía con su gloria. Ante la mirada asombrada del profeta, la gloria del Señor de los Ejércitos Celestiales retornaba al templo desde el este, la dirección por la que anteriormente se había marchado. Una vez que la gloria del Señor entró al templo por la puerta oriental, el profeta fue llevado por el Espíritu al atrio interior, y todo el templo estaba lleno de la gloria del Señor.

Una vez en el atrio interior del templo, el Señor le dijo al profeta que ese lugar era su trono y el lugar donde pondría sus pies para vivir por siempre entre su pueblo. Además, le aseguró al profeta que nadie volvería a profanar su templo, tal como lo habían hecho los sacerdotes israelitas con el templo que había construido el rey Salomón. El nuevo templo iba a ser algo sagrado, donde el culto y la adoración a los ídolos, y a las reliquias de los reyes muertos de Israel no tendrían cabida. El nuevo templo de Jerusalén estaría consagrado solo para el culto y la adoración del único Dios viviente. El Dios que gobierna sobre toda la creación. Tal como el nuevo templo de Jerusalén no debía ser contaminado con las viejas prácticas religiosas, las personas que nacen de nuevo, no deben contaminarse con sus viejas prácticas pecaminosas, deben tratar de llevar una vida totalmente consagrada a Dios, apartados de toda maldad y pecado gobernante en este mundo.

Queridos hermanos. El profeta Ezequiel pudo presenciar la manifestación de la gloria del Señor regresando al templo. No al templo que había construido el rey Salomón, ya que ese templo había sido destruido completamente por el imperio babilonio, sino a un nuevo templo donde la idolatría y las prácticas religiosas paganas no iban a tener cabida. En este nuevo templo Dios moraría para siempre entre su pueblo. Hermanos. En el pasado, el profeta Ezequiel vio como la gloria de Dios llenó un edificio construido de piedras, y la promesa de vivir en el para siempre, pero en el presente, el templo de Dios es nuestro cuerpo, y su Santo Espíritu mora en su interior desde el momento que aceptamos a Cristo Jesús como nuestro Señor y Salvador. Por eso debemos abandonar por completo toda la maldad de nuestra vida, para que la gloria de Dios se manifieste completamente en nuestro ser.

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x