Jesus Is Life

DESEO DE GRANDEZA

DESEO DE GRANDEZA

El deseo de ser grande y ser reconocido está impregnado en el corazón del hombre, por eso busca constantemente cómo sobresalir para que su nombre aparezca en letras grandes en revistas, periódicos, o que se hable de él en las noticias televisivas y radiales. Siempre está buscando cómo llamar la atención de los demás. Este deseo también puede llegar a manifestarse en el corazón del creyente, pues sutilmente la perspectiva del servicio a Dios puede llegar a cambiar y transformarse en el deseo de ser reconocido por la ejecución exitosa del ministerio que lleva adelante. El deseo de buscar grandeza o reconocimiento personal, no es propio de un siervo de Dios, esto lo dio a saber el Señor a Baruc, siervo del profeta Jeremías: “¿Buscas grandes cosas para ti mismo? ¡No lo hagas! Yo traeré un gran desastre sobre todo este pueblo; pero a ti te daré tu vida como recompensa dondequiera que vayas. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!”. Jeremías 45:5 NTV.

Cuando el creyente busca algún rédito personal, o reconocimiento por su servicio a Dios, pierde toda la perspectiva de lo que implica el verdadero servicio al Señor, ya que al buscar grandeza y admiración, despoja a Cristo de Su gloria. El servicio cristiano debe apuntar a que los hombres rindan gloria, loor y adoración al único Dios verdadero y no a sus siervos, por eso es un grave error cuando el creyente busca sobresalir. Este error puede ocasionar que el creyente pierda su privilegio de servir a Dios y no solo eso, sino que también puede recibir una severa reprenda por su rebelión. El creyente siempre debe buscar que su Señor sea glorificado a través de su servicio y el ministerio encomendado, ya que Él es quien le provee de los dones y talentos para que pueda ejecutarlos de la mejor forma, ya que sin la ayuda Divina, todo lo que el creyente se propusiere no tendría éxito.

Baruc había servido por mucho tiempo al profeta Jeremías como su escriba personal y anhelaba recibir alguna recompensa o reconocimiento por todo el esfuerzo que había hecho escribiendo su libro de luchas y juicios. Ante este deseo, el Señor le dijo a Baruc que dejara de poner sus ojos en él, y en cualquier recompensa que pensaba que merecía, ya que Él estaba a punto de destruir todo lo que estaba a su alrededor y no quedaría nada. Baruc había apartado su vista de los propósitos de Dios hacia sus propios deseos, este error también cometemos en ocasiones nosotros cuando nos dejamos dominar de los deseos de nuestra carnalidad. Por nada del mundo debemos perder de vista los propósitos que Dios tiene al encomendarnos un ministerio. Con este pensamiento, debemos tratar de servir a nuestro amado Señor con humildad y con todo el anhelo de que Su nombre sea glorificado por toda la eternidad.

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