Jesus Is Life

DIOS CUIDA DE SUS HIJOS

DIOS CUIDA DE SUS HIJOS.

EZEQUIEL 35:2 Hijo de hombre, ponte de cara al monte Seir y profetiza contra sus habitantes. 3 Dales este mensaje de parte del SEÑOR Soberano: Oh monte Seir, yo soy tu enemigo y levantaré mi puño contra ti para destruirte por completo. 5 Tu eterno odio por los israelitas te llevó a masacrarlos cuando estaban indefensos, cuando ya los había castigado por todos sus pecados. 10 … dijiste: ‘Los territorios de Israel y Judá serán míos; me apoderaré de ellos. ¡Qué me importa que el SEÑOR esté allí!’. 11 Por lo tanto, tan cierto como que yo vivo, dice el SEÑOR Soberano, te pagaré todos tus actos de enojo con los míos. Te castigaré por todos tus actos de enojo, envidia y odio; y me daré a conocer a Israel por medio de lo que yo te haga a ti. NTV.

La perversidad del corazón humano es tan grande que no desaprovecha la caída de sus semejantes para cumplir sus propias ambiciones. Por lo general, estas personas inescrupulosas están siempre atentas y vigilantes para aprovechar algún resbalón o tropiezo de sus semejantes para utilizarlos a su favor, o para empeorarles aún más la caída y así no vuelvan a levantarse. A lo largo de la historia humana, siempre han existido líderes y gobernantes inescrupulosos, que se han aprovechado de la caída de sus homólogos o rivales de las naciones vecinas, para darles la estocada final y apoderarse de sus territorios y riquezas. Este fue el caso de los edomitas. El gobernante de este reino, al ver que los reinos de Israel y Judá habían sido atacados y derrotados, se alegró y se regocijó. Además, vio una oportunidad precisa para tratar de apoderarse de los territorios de esos reinos que tantos años había anhelado poseerlos.

Poco tiempo después de que el ejército babilonio abandonara las tierras del reino de hebreo tras su invasión, los edomitas en su ambición de apoderarse de todo el territorio hebreo, se desplazaron a esos territorios para establecer sus campamentos y adueñarse de esas tierras. Con esa invasión, contribuyeron a una mayor desolación de esas tierras, y no solo eso, sino que también trataron con crueldad a los pocos sobrevivientes fugitivos que habían escapado de la destrucción, y habían retornado a sus tierras para habitarlas, y así tener un nuevo inicio para sus vidas. Ante la crueldad de los habitantes del monte Seir, o Edom, mostrada contra el remanente de su pueblo escogido, el Señor de los Ejércitos Celestiales, le dio una nueva revelación al profeta Ezequiel para que profetizara en contra de esta nación pagana.

En esta nueva revelación, Dios se declaró enemigo del pueblo edomita, pues pese a que había disciplinado al pueblo hebreo por sus rebeliones y pecados, seguía siendo su pueblo amado, el Señor todavía se identificaba como el Dios protector de Israel y de Judá. Con esta profecía contra el pueblo edomita, Dios dejó bien en claro que cuando ellos hablaron en contra de Judá e Israel, lo hicieron también contra Él, pues cualquier burla u ofensa contra su pueblo era una burla u ofensa directa contra Él. En su sentencia de juicio, Dios prometió que iba a levantar su mano poderosa contra Edom para castigarle por sus actos de enojo, envidia y odio, mostrada contra su pueblo. Dios estaba decidido a pagarles con la misma moneda, para que así el mundo reconociera, que Él es el único Dios verdadero de todo el mundo.

Queridos hermanos. Dios no se complace de las personas que tratan de aprovecharse del tropiezo o la caída de sus semejantes, y menos aún si tratan de aprovecharse de la caída de sus hijos. A todos los que obren perversamente, el Señor les juzgará con severidad tal como lo hizo con el pueblo edomita, cuando trataron de aprovecharse de la caída de la nación hebrea. Dios en su amor y fidelidad, siempre protege a sus hijos, pese a que ellos estén atravesando por una disciplina por sus faltas cometidas contra Él. Hermanos. Si alguno de nuestros hermanos en Cristo está atravesando por una situación difícil y complicada, no debemos tratar de aprovecharnos de ellos, y menos aún, tratar de hundirles más de lo que ya están; en su lugar, debemos confortarles y ayudarles a salir airosos de esa situación, confiando en el poder de Dios para liberarles de toda aflicción y devolverles la paz.

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