Jesus Is Life

VANIDAD Y ARROGANCIA

VANIDAD Y ARROGANCIA.

EZEQUIEL 31:2 Hijo de hombre, dale este mensaje al faraón, rey de Egipto, y a todas sus multitudes: “¿Con quién compararás tu grandeza? 3 Eres como la poderosa Asiria, que alguna vez fue como un cedro del Líbano, con hermosas ramas que daban una intensa sombra al bosque y su copa llegaba hasta las nubes. 10 ”Por lo tanto, esto dice el SEÑOR Soberano: como Egipto se volvió vanidoso y arrogante, y porque se puso tan por encima de los demás que su copa llegaba a las nubes, 11 lo entregaré en manos de una nación poderosa para que lo destruya como merece su perversidad. Ya lo he desechado. NTV.

Al lograr ocupar un puesto importante o de privilegio, el hombre corre el peligro de llegar a envanecerse y jactarse de ese logro, o incluso puede llegar a aprovecharse de los que están debajo de él con la nueva posición que han logrado. Actitudes como estas, no son nada convenientes para las personas, menos para las personas que han entregado sus vidas a Cristo Jesús, y de la misma forma que logren escalonar hasta llegar a ocupar ese puesto de privilegio, de la misma forma pueden descender o caer más abajo del cargo que antes ocupaban, o incluso a quedarse sin nada. Este fue el caso del imperio egipcio, ya que al llegar a la cima se envaneció y se jactó de su posición, provocando así la ira del eterno Creador.

En la antigüedad, la nación de Egipto por muchos años, había sido la nación más importante de la región. El comercio y la economía habían prosperado en gran manera, y gracias a esa prosperidad, la nación egipcia ganó fama y admiración de parte de las naciones vecinas. Además de su riqueza, el imperio egipcio tenía uno de los ejércitos más poderosos y preparados en estrategias de batalla, por eso, las naciones pequeñas acudían a él, para pedir apoyo en contra de alguna nación invasora. Toda esa prosperidad, hizo que la nación se envaneciera, y su orgullo subiera hasta lo más alto de las nubes. Esta actitud para nada recomendable, sería la causa de su perdición. Debido a su pecado, el Creador del universo, envió un mensaje al pueblo egipcio y a su gobernante por medio de su siervo Ezequiel. Este mensaje fue la profecía de la pronta destrucción de la nación en las manos del imperio babilonio.

En su sentencia, el Señor de los Ejércitos Celestiales, le dio a conocer a Egipto cuales eran las causantes de esta sentencia. El Señor le hizo ver que se había vuelto vanidoso y arrogante al encontrarse en la cima más alta del poder, y que por eso, lo iba a entregar en manos de una nación poderosa para que lo destruya como se merecía por su perversidad. Aunque no lo parezca, pero la vanidad y la arrogancia son pecados muy graves delante de Dios, por estos pecados, muchas naciones fueron destruidas en el pasado, ya que la vanidad y la arrogancia, les hace sentirse superiores a los demás, e incluso, los lleva a ponerse al nivel de Dios. El imperio egipcio, gracias a su prosperidad comercial y al poderío de su ejército, se sentía superior a las demás naciones y que nadie tendría la capacidad de enfrentarlos y menos de destruirlos.

Queridos hermanos. En ocasiones, al igual que al imperio egipcio, los logros personales se nos suben a la cabeza, más cuando somos el punto de mirada de las personas. Entre más personas nos admiran, nuestro ego va subiendo más y más, pero la gratitud a Dios por nuestros logros va desapareciendo. En ese momento el orgullo domina nuestra vida por completo. A Dios no le gusta que sus hijos se enaltezcan de sus logros o posiciones, más bien a Él le gusta que sus hijos permanezcan en completa humildad a pesar de los logros que puedan obtener. Dios desea que en todo le den gloria solo a Él. El rey y el pueblo egipcio se olvidó de eso, y su consecuencia fue la destrucción de la nación. Hermanos. Desechemos definitivamente de nuestro corazón y de nuestra mente, los deseos de enaltecernos por los logros que podamos obtener. Tengamos presente siempre en nuestra mente que el orgullo puede ser la causa de nuestra destrucción, como fue la destrucción de Egipto. Por eso, cuando Dios nos dé la oportunidad de estar en la cima u ocupando algún puesto importante, recordemos siempre dar gloria a Dios, porque Él es el único digno de recibir toda la gloria y la alabanza por siempre y para siempre.

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