Jesus Is Life

ANTES DE CONDENAR

ANTES DE CONDENAR.

EZEQUIEL 24:6 Ahora bien, esto dice el SEÑOR Soberano: ¡qué aflicción le espera a Jerusalén, ciudad de asesinos! … 7 Pues la sangre de sus homicidios quedó salpicada en las rocas. ¡Ni siquiera se derramó en el suelo donde el polvo podría cubrirla! 8 Así que yo salpicaré su sangre en una roca para que todos vean una expresión de mi enojo y mi venganza contra ella. 13 Tu impureza es tu lascivia y la corrupción fruto de tu idolatría. Yo traté de limpiarte, pero tú te negaste… 14 ¡Yo, el SEÑOR, he hablado! Ha llegado la hora y no me contendré. No cambiaré de parecer ni tendré compasión de ti. Serás juzgada por tus acciones perversas, dice el SEÑOR Soberano. NTV.

Los centros de detención o cárceles, fueron creados para tratar de rehabilitar a los infractores de las leyes de la nación. Pero en algunos infractores o delincuentes, este propósito no se cumple, ya que después de pagar los años de condena en la prisión, salen de ellas sin rehabilitarse y siguen delinquiendo como si nada les hubiese pasado. En este mundo hay hombres bien testarudos que no aprenden la lección, y siguen en sus delitos como si nada, este fue el caso del pueblo hebreo. Por la constante rebeldía del pueblo, Dios había enviado advertencias por medio de los profetas, y disciplinas para tratar de corregirlos, pero ellos no hicieron caso a las advertencias, ni se quebrantaron por las disciplinas recibidas, por lo contrario, cada vez más ahondaron en su rebeldía contra su Creador y sus leyes.

Israel que en sus inicios había sido considerada como una nación santa, ya no lo era, sino una nación corrupta, asesina e idólatra. Israel había derramado la sangre de inocentes, incluido entre ellos a algunos profetas que Dios había enviado con su mensaje. El pueblo se había vuelto tan sanguinario y desvergonzado que ni siquiera había hecho el intento de cubrir sus crímenes ni de llevar a sus criminales ante la justicia. La sangre derramada de los inocentes, habían quedado salpicada sobre las rocas, a la vista de todas las personas. Dios usó esa evidencia para demostrar que su ira y su venganza estaban justificadas en contra de toda la nación.

El derramamiento de la sangre de los inocentes, solo era una de las tantas evidencias que Dios tenía para derramar su ira sobre la nación. Otra de estas evidencias era la lascivia, ya que toda la nación se había pervertido practicando toda clase de pecados repudiados por el Señor. Y para completar estas evidencias que Dios tenía en contra de la nación, era la idolatría. Todo el pueblo había abandonado a Dios, pues ellos rendían culto y adoración a dioses paganos, ídolos e imágenes. Estas evidencias eran más que suficientes para que Dios inmediatamente derramara toda su ira sobre la nación, además Israel no tenía ninguna excusa para que Dios retuviera su castigo, ya que antes de derramar este terrible castigo, había tratado de corregirlos y borrar todas esas acusaciones, pero Israel se había negado rotundamente a ser corregido y purificado. Así que ya nada podía disuadir al Señor de las intenciones de derramar su terrible castigo sobre la nación. No había marcha atrás, no tendría ninguna clase de piedad, ni tampoco mostraría arrepentimiento al momento de ejecutar su castigo sobre la nación que amaba profundamente. El amor de Dios por la humanidad es profundo, y no quiere que ninguno vaya a la condenación eterna, por eso cuando están sumergidos en el pecado, los trata de corregir para que abandonen el pecado, pero muchos, pese a esas correcciones no abandonan el pecado y persisten en ellos, cuando eso pasa, ya no le queda más al Señor que dejarlo que vaya a la condenación eterna.

Queridos hermanos. En el día del juicio final, ninguna persona que no haya mostrado arrepentimiento de sus pecados, podrá justificarse y escaparse de la condenación eterna, ya que el Señor por todos los medios de haber tratado de corregirlo antes de que se extinguiera su vida física, pero por no haber atendido a esas correcciones y persistido en sus pecados habrá llegado esa situación de condenación. Todo aquel que no quiera ser parte del juicio final contra la maldad y pecado, debe atender las correcciones que Dios le envía y arrepentirse de inmediatamente de sus pecados. Debe confesar sus pecados y recibir a Cristo Jesús en su vida. Hermanos. Dios antes de enviar su terrible castigo sobre el pueblo hebreo, quiso limpiar sus pecados, pero el pueblo no estuvo dispuesto a eso. En la actualidad al igual que en el pasado, Dios quiere limpiar los pecados de todas las personas y librarlos de toda condenación futura, pero de nosotros depende si lo dejamos actuar o no. Si lo dejamos actuar, Dios limpiará todos nuestros pecados y nos liberará de toda condenación. A veces Dios purificará nuestras vidas por medio de las dificultades o circunstancias problemáticas que nos impulsarán a buscar a Jesucristo y su perdón a todos nuestros pecados.

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