Jesus Is Life

A SOLAS CON DIOS

A SOLAS CON DIOS.

El eterno Creador les ha dado a los seres humanos la habilidad de acostumbrarse fácilmente a diferentes ambientes y situaciones de la vida. Gracias a esta habilidad, algunas personas se han acostumbrado a vivir en medio del bullicio de las grandes ciudades del mundo. Estas personas se sienten cómodas con el ruido de los pitos de los automóviles, las sirenas de los bomberos, ambulancias y patrulleros, así como también con el ruido de las propagandas de los centros comerciales y vendedores ambulantes. Estas personas han hecho de dormir en medio del ruido una habilidad, por eso el ruido no les molesta, y pueden dormir tranquila y plácidamente en medio del bullicio de la ciudad. Es bueno tener esta habilidad, pero también es bueno salirse del bullicio para poder tener un espacio de comunión con el Creador del universo, tal como lo hacía Cristo Jesús: “Pero Jesús muchas veces se alejaba al desierto para orar.” Lucas 5:16 NTV.

Sin duda, la habilidad de poder vivir en medio del bullicio es bueno, pero no siempre un ambiente de ruido es adecuado para mantener una estrecha comunión con las personas de nuestro entorno, pues el bullicio con regularidad interrumpe nuestra comunicación con las personas, tanto que en ocasiones no las podemos escuchar con claridad. Si el bullicio interrumpe nuestra comunicación con las personas que están cerca de nosotros, mucho más interrumpe nuestra comunicación con Dios. Lejos de todo bullicio, es el mejor entorno para avanzar en nuestra relación o comunión con Dios. El Señor mismo nos dio este ejemplo, ya que Él con frecuencia solía retirarse del bullicio de la ciudad y las personas a lugares apartados y tranquilos para hablar con su amado Padre Celestial. Esta práctica de nuestro Señor era algo habitual, por lo cual constituye un ejemplo perfecto para nosotros si anhelamos tener una estrecha comunión con el Creador del universo.

Jesús era tan consciente de su dependencia del Padre, por eso buscaba estar a solas con Él, lejos de todo bullicio que pudiese interrumpir ese espacio de comunión con Su Padre. Si Cristo necesitaba estar a solas con Su Padre, mucho más lo necesitamos nosotros. Por eso, con regularidad debemos tratar de apartarnos del bullicio de la ciudad y las personas y buscar un lugar silencioso para entrar en una estrecha comunión con nuestro amado Padre Celestial. Tal vez no tengamos la posibilidad de irnos al desierto, o a las montañas como lo solía hacer Jesús, pero si podemos adecuar un rinconcito de nuestra casa para tener este espacio de comunión con Dios. Una hora de la noche cuando la ciudad y las personas de nuestro entorno descansan, puede ser la hora apropiada para tener nuestro espacio de comunión con nuestro amado Padre. Solo así podremos ser revitalizados y equipados con Su presencia para avanzar en este mundo caotizado.

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