Jesus Is Life

LA MANIFESTACIÓN DE DIOS

LA MANIFESTACIÓN DE DIOS.

EZEQUIEL 1:25 Mientras permanecían de pie con las alas bajas, se oyó una voz más allá de la superficie de cristal que estaba encima de ellos. 26 Sobre esta superficie había algo semejante a un trono hecho de lapislázuli. En ese trono, en lo más alto, había una figura con apariencia de hombre. 27 De lo que parecía ser su cintura para arriba, tenía aspecto de ámbar reluciente, titilante como el fuego; y de la cintura para abajo, parecía una llama encendida resplandeciente. 28 Lo rodeaba un halo luminoso, como el arco iris que brilla entre las nubes en un día de lluvia. Así se me presentó la gloria del SEÑOR. Cuando la vi, caí con rostro en tierra, y oí la voz de alguien que me hablaba. NTV.

En ocasiones, es difícil para el hombre creer en las aseveraciones que realizan los demás cuando son hechas solo con palabras, peros si esas palabras van acompañadas de señales visibles y tangibles, se les puede creer con más facilidad. En cierta ocasión, el Señor de los ejércitos celestiales, se le presentó al profeta Ezequiel, no solo con una voz audible, sino a través de una visión clara, para que así el profeta, no tenga dudas de que estaba tratando con el mismísimo Creador de todo el universo. Este suceso ocurrió durante el quinto año de cautividad del rey Joaquín en tierras del imperio babilonio. Entre los cautivos precisamente estaba Ezequiel, quien antes del destierro había estado ejerciendo su rol como sacerdote en el reino judío. Tiempos después de la llegada de Ezequiel a Babilonia, Dios le había llamado para que ejerciera como profeta ante el pueblo cautivo de Judá.

Antes de que el Señor se le presentase en una visión, Ezequiel y su pueblo estaban pasando por una profunda tristeza, debido a que habían presenciado y sufrido en carne propia la destrucción de su amada nación. Así mismo estaban tristes por haber sido desterrados de las tierras de sus ancestros. Ante la profunda tristeza de su pueblo, el Señor eligió a Ezequiel para que les de aliento, consuelo y una luz de esperanza a sus compatriotas. La revelación del Señor al profeta, no fue una simple exhibición de fuegos artificiales para que Ezequiel la disfrutara; fueron señales asombrosas para preparar a su siervo elegido para que cumpla su ministerio con eficiencia, fortaleciéndolo para que predicara el juicio y dándole la confianza necesaria para señalar las promesas de Dios.

Mediante estas visiones, Dios le mostró al profeta, el futuro de las cosas que estaban por suceder. Estas revelaciones fueron extrañas debido a que eran apocalípticas, por eso las imágenes que vio el profeta, eran símbolos que expresaban vívidamente una idea. En su primera visión, Ezequiel vio un trono y en lo más alto del trono, la figura con apariencia de hombre. Que de cintura para arriba tenía aspecto de ámbar reluciente, titilante como el fuego; y de la cintura para abajo, parecía una llama encendida resplandeciente. Sin duda, el profeta no pudo encontrar palabras que puedan describir exactamente la presencia de Dios Santo, solo pudo asemejar con lo que él conocía en ese entonces, por eso Ezequiel percibió el poder, la gloria, la magnificencia y la divinidad de Dios como una luz brillante y fuego. Abrumado por la santidad que emanaba Dios y por su propia insignificancia y maldad, el profeta cayó de cara al suelo. A la larga al igual que el profeta, toda persona caerá ante la santidad y divinidad de Dios, ya sea por reverencia y gratitud por su misericordia o por temor de su castigo.

Queridos hermanos. La gloriosa visión que tuvo Ezequiel al comienzo de su profecía es una de las muchas referencias que se encuentran en el Antiguo Testamento a la gloria del Señor de los Ejércitos Celestiales. En su visión, el profeta Ezequiel experimentó la demostración del poder, la gloria, la magnificencia y la divinidad de la presencia de Dios viviente. Esa misma experiencia que experimentó el profeta en el pasado, lo podremos palpar todos los creyentes el día que nos presentemos en la presencia de nuestro amoroso Padre Celestial. Hermanos. Si anhelamos ser partícipes de la maravillosa experiencia que tuvo Ezequiel, nosotros debemos permanecer fielmente en el camino de la salvación y la vida eterna. De la misma manera, debemos perseverar en nuestro servicio al Señor con los dones y talentos que hemos recibido por medio de su Santo Espíritu, y no solo eso, sino que también, debemos honrarlo y glorificarlo de todo corazón mientras estemos en este mundo.

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