Jesus Is Life

TRAPOS DE INMUNDICIA

TRAPOS DE INMUNDICIA

Vivir disfrutando de todas las vanidades que ofrece este mundo, es atractivo para el hombre más que vivir cumpliendo la voluntad de su Creador. El hombre no se detiene a pensar que las alegrías que le ofrece las vanidades, son pasajeras, pero el dolor que estas le llevan son eternas. El hombre por disfrutar momentos de placer, poco a poco va caminando a su propia destrucción, porque al disfrutar de los placeres de este mundo; quebranta las leyes, normas y mandamientos de Dios. El pueblo judío, después de que experimentó la ira de Dios, lamentó en gran manera el haber vivido disfrutando de los placeres del mundo y no conforme a la voluntad de su Creador. Este profundo lamento de Judá, lo registró el profeta Jeremías en su libro de Lamentaciones de la siguiente manera: “Jerusalén ha pecado grandemente, por eso fue desechada como un trapo sucio. Todos los que antes la honraban ahora la desprecian, porque vieron su desnudez y su humillación. Lo único que puede hacer es gemir y taparse la cara. Se deshonró a sí misma con inmoralidad y no pensó en su futuro. Ahora yace en una zanja y no hay nadie que la saque… Lamentaciones 1:8-9. NTV.

Antes de que llegue el juicio de Dios sobre Judá, el pueblo disfrutó de todos los placeres de este mundo. Disfrutó de la inmoralidad sexual, de la idolatría, de la opresión a los débiles, de la injusticia, de la vanagloria, del exceso de vino, y de muchas otras perversidades. Judá no escuchó las advertencias de que al vivir de esa manera estaba caminando a su propia destrucción. Judá se arriesgó tontamente y perdió, negándose a creer que la vida inmoral traía consigo el castigo de Dios. La consecuencia final del pecado es el castigo y nadie va a poder esquivarlo. El pueblo judío pese a ser elegido de Dios no escapó a las consecuencias de su pecado. El Señor pese a su gran amor, desechó a su pueblo como a un trapo sucio, como a un trapo de inmundicia, porque Él no tolera el pecado en lo mínimo y no acepta, ni aceptará a alguien que esté en su presencia manchado con el pecado. Judá estaba manchado por todos los pecados que había cometido, se había deshonrado a sí mismo, sin pensar en su futuro junto a Dios.

Podemos decidir pasar por alto las advertencias que Dios nos hace constantemente, en cuanto a las consecuencias de vivir complaciendo a los deseos de nuestra vieja naturaleza, pero también podemos estar seguros de que el juicio de Dios vendrá sobre todos los que le desafíen desechando sus advertencias. Teniendo la certeza de juicio de Dios sobre el pecado, no arriesguemos nuestro futuro junto a nuestro Señor por unos momentos de placer. No nos deshonremos a nosotros mismos complaciendo a los deseos de nuestra carne, más bien, apartémonos de todas las vanidades de este mundo para no lamentarnos en los días postreros al igual que lo hizo Judá. Escuchemos atentamente las advertencias que Dios nos hace por medio de su Santo Espíritu que mora en nuestro interior, y tratemos de llevar una vida de total obediencia a la voluntad de nuestro amado Señor.

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