Jesus Is Life

EL AMOR DE DIOS ES ETERNO

EL AMOR DE DIOS ES ETERNO.

JEREMÍAS 50:4 En los días venideros dice el SEÑOR, el pueblo de Israel volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán llorando en busca del SEÑOR su Dios. 5 Preguntarán por el camino a Jerusalén y emprenderán el regreso a su hogar. Se aferrarán al SEÑOR con un pacto eterno que nunca se olvidará. NTV.

Pese a toda la maldad y rebeldía del pueblo hebreo, Dios no los iba a dejar en el destierro para siempre, pues una vez que hayan pasado por una dolorosa y terrible disciplina, iba a levantar su disciplina, y devolverles la libertad para que vuelvan a la tierra de sus antepasados. Pero antes de que el pueblo hebreo sea liberado de su disciplina, el eterno Creador iba a derramar sus justos juicios sobre todas las naciones que de una o de otra forma habían ocasionado daño a su pueblo amado. El último pueblo en recibir el juicio divino, sería el imperio babilonio. El eterno creador había utilizado a este imperio para derramar su juicio sobre todas las otras naciones que habían ocasionado daño al pueblo hebreo. El Señor también utilizó a los babilonios para disciplinar a su pueblo por su rebeldía y la negativa de escuchar las advertencias dadas por sus profetas.

El juicio decretado contra Babilonia, posiblemente se debió a que no comprendió que solo era un instrumento utilizado por el único Dios verdadero para traer juicio sobre todas las naciones rebeldes e idólatras. Al no comprender eso, Babilonia se envaneció y no dio crédito de sus victorias a Dios, sino que dio crédito de sus logros a sus dioses. La caída del imperio babilonio, sería finalmente la señal del inicio del cumplimiento de las promesas hechas por el Señor a sus profetas y a los fieles israelitas que no se dejaron contaminar de las acciones perversas de los líderes religiosos de la nación y sus gobernantes. Dios había hecho una promesa a los profetas y al remanente fiel, que a su debido tiempo, destruiría a las naciones opresoras y les devolvería las tierras de sus antepasados.

Tras la liberación del cautiverio babilonio, de nuevo las doce tribus de Israel se unirían para constituir la nueva y única nación del Dios eterno, como lo había sido en un inicio muchos siglos atrás, antes de que se diera la división de los reinos. En esos días, los repatriados seguirían su camino a Jerusalén llorando con lágrimas de arrepentimiento por el pasado pecado de su pueblo, los cuales habían sido las causantes de la tragedia de la nación. Después de tantos desvaríos reconocerían que el eterno Creador debe ser el único centro de sus corazones. Con ese pensamiento y todas sus ilusiones buscarían el rostro del único Dios verdadero, el rostro del Dios de sus antepasados.

De regreso a la tierra prometida, algunos repatriados preguntarían el camino por donde seguir a la santa ciudad de Sión, ya que los que no nacieron en la santa ciudad no conocerían el camino que los lleve a su nueva morada. El remanente por fin en libertad, no tendría otra obsesión que la de volver a Jerusalén, centro de sus aspiraciones espirituales y nacionales. Con ese fulgor y alegría se aferrarían al Señor de los ejércitos celestiales con un nuevo pacto eterno, un pacto que tratarían nunca más olvidarse o quebrantarlo. El pacto que se había establecido en el monte Sinaí había sido quebrantado por sus antepasados, y era hora de echar las bases de una nueva teocracia. El nuevo pacto que Israel establecería con el Señor, había sido profetizado por el profeta Jeremías muchos años antes de que la nación fuera llevado al cautiverio. Según el profeta el nuevo pacto sería escrita en los “corazones del pueblo,” de modo que su obligatoriedad provendría no de la coacción externa, sino del anhelo íntimo del nuevo ciudadano de Israel. Jeremías 31:33.

Queridos hermanos. Dios en su amor y misericordia por su pueblo amado, tras los juicios sobre todas las naciones paganas, levantaría la disciplina impuesta a su pueblo, le liberaría de su cautiverio en Babilonia y los llevaría de nuevo a la tierra de sus antepasados para que reconstruyan nuevamente la nación. Una nación ya no dividida como lo era antes del cautiverio, sino una sola nación conformada por las doce tribus de Israel como lo fue en un principio. Hermanos. La fidelidad y el amor de Dios con sus hijos, sobrepasa cualquier entendimiento humano. Dios pese a la rebeldía de sus hijos, nunca los deja de amar, ni tampoco los deja en el olvido, Él esperará pacientemente para que sus hijos recapaciten y vuelvan a sus brazos amorosos. Por eso, si en algún momento nos apartamos de los caminos del Señor, podemos tener la certeza de que Dios no nos dejará de amar, ni tampoco nos va a dejar en el olvido. Él nos esperará con los brazos abiertos para perdonar nuestros pecados y nuestras rebeliones.

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