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LA PALABRA DE DIOS ES INDESTRUCTIBLE

LA PALABRA DE DIOS ES INDESTRUCTIBLE.

JEREMÍAS 36:21 Luego el rey envió a Jehudí a buscar el rollo y Jehudí lo sacó de la habitación de Elisama y lo leyó al rey, con los funcionarios presentes. 23 Cada vez que Jehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey tomaba un cuchillo y cortaba esa sección del rollo. Luego lo lanzaba al fuego, sección por sección, hasta que quemó todo el rollo. 24 Ni el rey ni sus asistentes mostraron ninguna señal de temor o arrepentimiento ante lo que habían oído. 25 Aun cuando Elnatán, Delaía y Gemarías le suplicaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo caso. NTV.

El pecado gobernante en este mundo, cada vez más está endureciendo el corazón de los hombres, por eso la palabra de Dios no está causando el impacto que debería causar en el corazón del pecador. El hombre no tiene temor por las advertencias de juicio que se describen en las páginas de las Sagradas Escrituras en contra de la maldad y el pecado. En algunos casos, el hombre pecador, al encontrarse en un puesto de autoridad o gobierno, no solo ha rechazado el contenido de la Biblia, sino que han hecho lo posible para que las palabras de advertencia de Dios no se difunda entre los hombres. Con ese propósito maligno, han llegado a quemar ejemplares completos o partes de la Biblia. Pese a todo esto, la palabra de Dios no ha desaparecido, más bien, ha permanecido vigente y seguirá así por siempre, porque es la verdadera palabra de Dios.

Con la esperanza de que el pueblo judío se volviera de sus malos caminos, el Señor ordenó al profeta Jeremías que escribiera en un rollo, todos los mensajes de advertencia que había enviado al pueblo en los últimos años. El Señor tenía la esperanza de que si volvían a leer o escuchar los terribles desastres que se avecinaban sobre el pueblo, ellos recapacitarían de sus acciones perversas y volverían a los caminos de la verdad y la justicia. Una vez que todo el mensaje de Dios estuvo escrito en el rollo, Jeremías pidió a Baruc que lo llevara y lo leyera en el templo de Jerusalén. Conforme al pedido del profeta, Baruc dio lectura del papiro en el día de ayuno en el templo de Jerusalén. Algunos que escucharon la lectura del papiro, se interesaron por el mensaje y llevaron las noticias a los funcionarios de la ciudad. Y los funcionarios al escuchar el mensaje, dieron aviso al rey acerca de este rollo que contenía las terribles calamidades que se acercaba sobre el pueblo.

El rey pidió que se le trajeran el rollo y se lo leyeran. Jehudí llevó el rollo al rey y lo leyó en presencia del rey los funcionarios. El monarca no prestó atención a la lectura del rollo, más bien, una vez que Jehudí terminaba la lectura de una porción, el monarca cortaba ese fragmento ya leído y lo echaba al fuego, y así lo hizo con todo el rollo. El rey, ni los funcionarios mostraron señales de temor o arrepentimiento con todo lo que habían escuchado. Ellos no dieron importancia a las advertencias de Dios, más bien mostraron un total desprecio por la palabra de Dios. Algunos de los funcionarios que habían quedado impactados con el mensaje, pidieron al rey que no quemara el rollo, pero el monarca no los escuchó. En la actualidad, muchas personas tratan de echar a un lado la Palabra de Dios, aduciendo que contiene muchos errores y que por lo tanto no es confiable. Las personas pueden rechazar o menospreciar la Palabra de Dios, pero jamás podrán destruirla. El contenido de las Sagradas Escrituras permanecerá para siempre, y sin ninguna clase de añadiduras. El despreciar la palabra de Dios trae condenación a la vida de los hombres, y una desvinculación completa del reino de los cielos.

Queridos hermanos. El monarca judío al quemar el rollo trató de silenciar las palabras de advertencias del Señor sin ninguna clase de éxito, ya que después de algunos días de que el rey quemara el rollo, el Señor le dio a Jeremías nuevas profecías para el pueblo rebelde, y una en particular fue la profecía condenatoria contra el monarca por haber tenido la osadía de quemar el rollo. Nadie puede silenciar la voz de Dios, y el que tenga la osadía para tratar de hacerlo, tendrá que enfrentarse a la ira del Todopoderoso. Hermanos. Muchas veces, pese a que llevamos muchos años en los caminos del Señor, nos comportamos como el monarca judío, cuando acallamos y desobedecemos la voz del Espíritu Santo que mora en nuestro interior. Al comportarnos de esta manera, nosotros mismos nos estamos condenando, ya que por nuestra propia voluntad nos dirigimos al juicio y a la ira del Señor Todopoderoso.

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