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DIOS NO ES INJUSTO

DIOS NO ES INJUSTO

Entre las personas inconversas y algunos creyentes, existe la idea de que Dios derrama su ira sobre los hijos por los pecados cometidos por sus padres. Esta forma de pensar también tenía el pueblo hebreo en el pasado. Ellos tenían la percepción de que la culpa de los padres también recaía en la vida de los hijos. Ante este pensamiento erróneo, el profeta Jeremías escribe lo siguiente: “El pueblo ya no citará este proverbio: “Los padres comieron uvas agrias pero la boca de sus hijos se frunce por el sabor”. Toda la gente morirá por sus propios pecados, los que coman las uvas agrias serán los que tengan la boca fruncida”. Jeremías 31: 29-30. TLA.

En algunas porciones de las escrituras, parece ser que el Señor afirma que los hijos serán castigados por los pecados de los padres, pero nada de esto es una realidad, ya que el Señor no es injusto para castigar a un inocente. En ciertos pasajes, lo que el Señor afirma es que: los hijos, siguiendo el ejemplo de los padres, también cometieron los mismos pecados, razón por la cual ellos también son merecedores del castigo al igual que sus antepasados. Los hijos hebreos no queriendo reconocer sus pecados trataron de echarle la culpa de todos sus males a Dios, y empezaron a recitar este proverbio para echárselo a Dios en cara y acusarlo de ser parcial e injusto. En efecto, por medio de este proverbio los hijos hebreos estaban diciendo: “Nuestros padres comieron las uvas agrias, pero nosotros tenemos que experimentar el mal sabor”. En otras palabras, ellos querían decir: “Nuestros padres pecaron contra Dios y nosotros somos los que tenemos que pagar el precio”. Evidentemente eso no era verdad; no había sido verdad en el pasado y ciertamente no iba a ser verdad en el futuro.

Para que este proverbio ya no se siga difundiendo entre las futuras generaciones del pueblo, el Señor por medio del profeta Jeremías, aseguró al pueblo hebreo, que cada persona pagará por sus pecados y por ende, nadie va a sufrir por los pecados de sus padres. Dios en su divina justicia, paga a cada hombre lo que se merece en conformidad a los pecados que haya cometido. Estas palabras del Señor, expresadas por medio del profeta, son claras y concisas, ya no puede haber ninguna duda de que Dios sea injusto. Así que, ante alguna tribulación que le sobrevenga al hombre, ya no podrá decir que está pagando la culpa de sus padres, o de algún descendiente. Ni acusar a Dios de ser injusto, porque Él, siempre se mantiene justo.

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